


Acerca de artículo de opinión publicado por el Presidente de la República. Doctor Alan García Pérez China olímpica y sus adversarios tenemos algunas reflexiones que compartir.
No lo creo. El modelo chino es un modelo especial; se declara país Comunista y actúa bajo un rodillo neoliberal disciplinado que no respeta ni derechos laborales, ni medio ambiente, ni nada. ¿Quién podría competir con mano de obra tan barata?, ¿quién contra un país donde el capital prima sobre el individuo y no el individuo y su libertad por encima del capital?, pues éste, el capital, debe ser un medio para la realización y prosperidad del ciudadano y no al revés.
Pero para nuestro presidente, quien está más encandilado que el ingenuo Oppenheimer en sus Cuentos Chinos sobre el monstruo asiático; los enemigos de China son los envidiosos, y si hay algo que admirar de ese tipo de política es su pragmatismo.
Lo que explica, en mucho, este crecimiento continuo es la pragmática diplomacia china para con el resto del planeta. A diferencia de nosotros, los occidentales, expertos en cruzadas religiosas, políticas y descubrimiento de nuevos mundos, China no pretende dar lecciones políticas o iniciar cruzadas ideológicas. Comercia con todos los países posibles y aplica a ese comercio sus energías mientras otras grandes naciones, con razón o tal vez sin ella, asumen por sí mismas responsabilidades ante el orden mundial incurriendo en enormes gastos materiales y militares que las colocan en inferioridad de condiciones frente al crecimiento chino.
Es clara la posición de nuestro presidente. Si el mundo se mata, ese no es nuestro problema, lo importante es vender. Sin embargo, un país como el Perú, que ha salido de una guerra interna que ha costado más de 70 000 muertos. Asfixiado por crímenes, secuestros, narcotráfico, movimientos subversivos que no han acabado todavía. ¿Es correcto decir, bueno, lo negocios bien, y la ética que se vaya a la basura?
La respuesta es No, una nación civilizada debe estar dispuesta siempre a luchar por derechos del ciudadano en su país y en cualquier parte del mundo. Permitir una trasgresión de esta, es ser su cómplice, ser tan cruel como el asesino que dispara el arma.
No se puede permitir zonas liberadas, ni para el terrorismo fundamentalista ni para el terrorismo de Estado, hacer eso, es ser cómplice, y lo pero de todo, ser tan delincuente como los que lo producen.


