Macario y la orfandad del alma en la obra de Rulfo
Macario es un relato que se puede leer en el micro camino a la universidad o al trabajo. Es el primer relato de un libro de narraciones cortas sobre el campo mexicano de la primera mitad del siglo XX, sobre una realidad que en la época en la que leí el libro que la describe, a principios de los años noventa del siglo anterior, ya no existía. Y que sin embargo me impresionó profundamente.
Particularmente este relato que no más de tres páginas es uno de los relatos más acabados de El llano en llamas -en un libro en el que las piezas de acabado arte narrativo abundan-. Macario es admirable por varias razones, entre ellas por su concepción estilística. Este cuento es un cuento cerrado sobre si mismo de principio a fin. Todos los elementos narrativos están escogidos cuidadosamente y distribuidos a lo largo de la narración para producir esa sensación de autismo que refleja la personalidad del protagonista.
Si quisiéramos hablar de la condición de cerrazón del relato, diríamos que Macario esta cerrado entres niveles. En primer lugar, en un nivel temporal. Todo el relato transcurre en un lapso de tiempo determinado, a lo más un par de horas y más posiblemente sólo algunas decenas de minutos. En segundo lugar, a nivel espacial. La acción toda ocurre en un solo lugar, al borde de la boca del pozo en la que Macario espera que las ranas salgan para despanzurrarlas como se lo han ordenado. Finalmente tenemos en un tercer nivel de encierro a nivel ideológico. Este ultimo punto merece que nos explayemos más.
El universo en el que está insito Macario es un mundo en el que ya no solamente no hay redención sino donde el inmovilismo es la norma. Y aquí el texto de Rulfo excede lo que podríamos denominarse, quizás huachafamente, la denuncia social. Rulfo construye sobre la realidad de marginalidad y pobreza del campesinado mexicano de la época de la revolución, y logra un mundo ficcional que se superpone a la realidad que le dio vida, en el que los seres que lo habitan están condenados a morarlo como apátridas y desterrados. Esta fuerte sensación de desposesión tiene su origen en una pobreza material, fáctica e histórica que afecto a millones de mexicanos antes de la revolución, pero que se proyecta a un nivel metafísico más profundo y más universal y que llega a ser un signo de la desposesión del hombre ante un mundo hostil. Aquí ya no estamos hablando solamente de un mundo signado por la desaprensión de los que no tienen nada, aquí ya estamos ante la orfandad del alma, la imposibilidad de asirse a un rescoldo de esperanza. Este es un mundo en que los papeles están determinados y donde los sinos personales son trágicos, no por ser desgraciados o desafortunados, que lo son en la mayoría de los casos, sino por ser imposible escapar a ellos.
Es por estas razones que Macario es tan paradigmático. De los seres creados por el genio de Rulfo este es quizás en el que se manifiesta más intensamente la característica de desapego. Se trata de un adolescente subnormal, mantenido en condiciones de dependencia por su madrina a quien teme y respeta y que desarrolla una relación primario-erótica con una misteriosa mujer, Jacinta, hacia la cual dirige todos sus afectos positivos. Macario se encuentra, así las cosas, en la base de un triangulo perverso, inconsciente de su situación de minusvalía, viviendo en un mundo inamovible, permanente y asfixiante.
Mucho se ha dicho de la influencia del Benjy de Ruido y Furia, magistral novela de Faulkner, con respecto al Macario de Rulfo. La identidad no es completa. Entre Benjy y Macario hay una diferencia esencial, Macario no es del todo idiota, es una conciencia que aunque disminuida y de alteradas percepciones no deja de percibir el mundo. En cambio, los discursos de Benjy, como lo dijo Elizabeth Kerr, nos presentan una percepción de cámara fotográfica, yo diría que el suyo es un registro de objetos, más que un actor es parte del escenario, del decorado. Macario, en cambio, percibe el mundo y lo cataloga incesantemente. Este es un rasgo que me ha llamado siempre la atención de este personaje. A lo largo del relato Macario hace una constante revista de los elementos de su mundo, y su afán de señalarlos y llevarlos a una categoría u otra, ya sea agrado-desagrado, afecto-desafección, puede verse como una característica maniática del personaje, un rasgo que contribuiría a señalar su autismo. Benjy es idiota, Macario autista.
Sirvan estas cortas líneas para animar a los lectores a releer el cuento y a profundizar en los aspectos aun no estudiados del personaje protagonista del mismo.
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!A leerlo, entonces.
Gracias, hermano.
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