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Dominicano revela que la inspiración para su primera novela se la dio, una familia mexicana en la capital azteca.
Tras ganar el Premio Pulitzer 2008, todo el mundo en Estados Unidos está tras la pista y las señales de Junot Díaz. Se ha creado una nueva afición: la "Junotmanía".
Pero este sigue su vida cotidiana con la mayor normalidad posible: su contacto con "el tigueraje" dominicano, su devoción por su madre Virtudes Antonia y sigue desgustando el criollísimo postrecito de dulce de naranja tras almorzar en el apartamento en que vive con su progenitora, como si nada extraordinario hubiese pasado.
En una entrevista que concedió a El Nacional, el novelista y cuentista dominicano sostuvo que la noticia se le notificó un amigo por teléfono cuando reposaba el almuerzo. Y pensó que era un broma por lo que le cerró diciéndole "¡Maldito tiguere!". Dijo que los miembros del jurado no llaman nunca a los galardonados sino que cuelgan el veredicto en su sitio de Internet. Otros amigos le siguieron llamando y le pidieron que comprobara la veracidad entrando al sitio web del Pulitzer.
Díaz desde New York, donde estaba cerrando arreglos para la edición latinoamericana de su premiada novela La Prodigiosa Vida Breve de Oscar Wao". Detalló que la inspiración para escribir esta primera novela se la dieron unos amigos mexicanos durante una noche de tragos en el Distrito Federal, a donde pasó un año buscando un espacio para escribir.
"Esos amigos, que eran parientes entre sí, hablaban del escritor inglés Oscar Wilde y se referían a él, entre risas como "Oscar Wao", en esa forma tan autóctona de masticar los términos en inglés". Explicó Díaz.
Dijo que cuando se tumbó en la cama esa noche, se dio cuenta de que ahí estaba la novela: en la vida prodigiosa y breve de Oscar Wao. Para escribirla tomó siete años. Su historia no se parece a la de ningún "niño prodigio" de la literatura.
De hecho no comenzó a escribir hasta bien entrada la adolescencia, cuando iba camino a la adultez, casi con 20 años y el género que le atrajo fue el cuento, la narración breve.
Logró dar forma a un libro de diez cuentos y de entre ellos seleccionó el primero, titulado Ysrael. No tenía ida de que estaba comenzando oficialmente la carrera. Envió "Ysrael", a una prestigiosa publicación trimestral literaria, llamada Store. El efecto fue instantáneo: los ojos de los estudiosos literarios voltearon hacia este escritor latino. Luego otros cuentos suyos fueron publicados en The Paris Review y The New Yorker.
Era necesario que Junot presentara un producto editorial terminado, ya fuera de las publicaciones sueltas en medios periódicos especializados. Trabajó un selecto grupo de cuentos que fue publicado como su primer libro.
Titulado en inglés como Drown, colección de diez cuentos, llegó a las manos de los lectores en 1996.
Ese libro le granjeó un reconocimiento automático. Se estaba en presencia de una obra bien lograda, imaginativa, cuidada en detalle y valiente en sus estructuras coloquiales tomadas del duro lenguaje popular dominicano. Así se ganó el respeto como un nuevo autor importante del país. Esta obra fue terriblemente traducida al español bajo el título, Negocios.
The New Yorker se le incluyó entre veinte escritores en su lista: "Fiction Under-40. The Future of American Fiction.".
"Los inmigrantes tenemos dos culturas" Junot Díaz dijo que los dominicanos que han emigrado a Estados Unidos no son siempre bien entendidos en el país, pensando que se sienten discriminados en Estados Unidos y rechazados en su país.
"No nos comprenden. Es lo contrario. Los dominicanos que hemos crecido en los Estados Unidos tenemos no una cultura sino dos: la dominicana y la norteamericana. Tenemos una concepción más amplia porque contamos con elementos de las dos sociedades: la propia cultura cultura caribeña y la concepción de una sociedad más desarrollada" afirma.
Por la honestidad literaria Junot Díaz sorprendió al mundo literario, luego de la publicación de Drown, declaró que tenía la mente en blanco y que no le llegaban ideas para escribir.
Eso se tomó como una declaratoria de final de carrera y asombró por la valentía de haberlo hecho público. "¿Y por qué no debía decirlo si era verdad. No soy un escritor al que le llegan las ideas todos los días. No la mayor parte del tiempo estoy en blanco. Me llega una idea, digamos, al año. Lo que si hago es aprovecharla y trabajarla cuando llega. Los escritores somos seres humanos normales. No somos una fuente interminable de ideas. Por lo menos en mi caso es así y no veo razón para no decirlo si es la verdad. Cuando no tenga ideas no escribiré. Es lo más lógico" dijo en su conversación con ¡Qué Pasa! Reveló que la mayor parte de sus amigos no son "cultos".
"Mis amigos son de extracción popular, con ellos comparto horas de conversación con unos tragos y aprendo muchísimo, me divierte mucho. Es un reencuentro con la Patria.
Tengo pocas relaciones con personalidades "cultas" afirma Díaz. Es un militante de su comunidad procurando ayudar a quienes requieren de información, defensa de sus derechos, tutoría y asesoría a estudiantes. "Soy un activista por los derechos de nuestras comunidades latinas. Trabajo orientando a jóvenes que quieren ingresar a la universidad, apoyando a indocumentados a regular su situación, luchando contra el abuso policial. Es una labor que desarrollo por una responsabilidad con mi comunidad latina". Esta es la cara no conocida de Junot Díaz, distinta a la imagen del laureado escritor con el galardón literario norteamericano más prestigioso.
Es un hombre que no ha renegado de sus orígenes y, al contrario, pronuncia y ejecuta una palabra de compromiso. Se trata de un trabajo que no procura reconocimiento.
"No soy un hijo de papi y mami. Vengo de una extracción popular y no puedo olvidar eso nunca. Se lo importante que resulta para los muchachos que requieren orientación o defensa cuando son abusados, que existan organizaciones y personas que les defiendan" afirma.
Se le preguntó como se sentía con este reconocimiento de la sociedad norteamericana. Y respondió: "Todo esto es muy bueno para un escritor, pero no me marea. Sigo siendo exactamente el mismo ser humano. Desde luego que me dio mucha alegría, pero lo tomó como debe ser. Es el aplauso momentáneo de la sociedad norteamericana que en un año eleva y al siguiente o te olvida o te hunde. Pasa igual con los peloteros que en una temporada son elevados a lo más alto y al año siguiente los hunde y los humilla. No me dejo marear por eso. Son vainas y así lo tomo".
Llama la atención el estilo de Junot Díaz.
Es inconvencional y propone un estilo expositivo que rechaza las normas gramaticales del inglés (sólo escribe literatura en ese idioma), escribe como si estuviera hablando, usa con precisión mortificante (desde la perspectiva de los puristas lingüísticos) las llamadas palabrotas y las interjecciones, llevando al lector al centro de un mundo de marginación, sentido del humor, giros idiomáticos cargados de gracia e ironía. Para nada respeta las reglas gramaticales del inglés: no usa comillas y a veces sus párrafos se corren uno al otro Se trata de un estilo único, brillante e incisivo lo que unido a su
honestidad y sinceridad profesional. Sostiene Rebecca Petinin que "leer
su obra es entrar en su vida lo cual refleja la experiencia de muchos
inmigrantes".
Tomado de: http://www.elnacional.com.do/article.aspx?id=43765 |
