Viajando en el metro

En el pasado era toda una delicia viajar en el metro, deslizarse bajo tierra, sentarse en los butacones super modernos y observar a los otros compañeros de viaje que nos acompañan, niños, madres, ancianos, jóvenes; gentes de todas partes que sonreían y se miraban con la complicidad de estar en el siglo XX en una nave moderna que nos trasnporta suavemente bajo tierra a nuestros destinos. Toda una novedad en nuestra capital...
Hoy día es todo un caos, te empujan, te maltratan y hasta unas señoras gordas a lo luchador Sumo, te atrapa en su llave, y sus enormes brazos hacen palanca y te apetan hasta asfixiarte.
Los vagones van y vienen llenos hasta el tope, y cuando te quieres montar, las otras personas quieren salir y después de una lucha que la campana de cerrar puertas finaliza, te quedas en un corto espacio y haces malabarismos para buscar un apoyo en donde asirte para no dar de tropezones como muñeco porfiado a los demas pasajeros.
Salir es otro problema la gente se amontona en las puertas y pasillos y te imposibilita y cuando al fin consigues llegar a las puertas, de nuevo el pandemonium, hay gente que quiere entrar
Y de nuevo la alarma toca su pito; las puertas se cierran como un par de tenazas y atrapan en su torque despuès del nuevo choque de titanes, alguna presa; una cartera
un pie, un brazo, una mano, una revista, un periòdico, un maletìn, y hacen que algunos zapatos tueden hasta los rieles del tren.
Tambièn muchos vagones vienen sin aire acondicionado y el calor hace del viaje un
grandiosos sauna, y el piso se viste de amariulo, cual papelillos en carnaval por los ahora tiket usados.
En estos dìas es màs pintoresco viajar, en algunas horas; se consiguen a personas
con las bocas selladas con tirro, haciendo alusiòn a los agitados dìas, se encuentra al indigente que enseña su pìerna infectada y va caminando por todo el vagòn pidiendo dinero, a los niños con carita sucia y ojos tristes, y que con sus manitas extendidas, piden ayuda para paliar sus horas y los trovadores nunca faltan con instrumentos en mano; guitarras cuatros maracas, mandolinas y algunos con tambores y gaitas, interpretando caniones para luego pedir la respectiva colaboraciòn, sin hablar nada sobre los raperos...
Hay algunos vagones que vienen manchados con rayas y letreros, y ahora es comùn y novedoso, el uso del timpbre de emergencia para anunciar la pròxima parada.


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Rubén Patrizi
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