Cuando era niño escuché por primera vez a alguien que como yo, hacía sus estudios de 5 grado, y en un asalto a la inteligencia, él esgrimió una palabra que quedó en mi memoria. Demagogia. Esta fue la primera palabra singular e interesante que un ser humano había utilizado. Demagogia, demagogia, repetía mentalmente buscando un significado a esa extraña palabra.
Empezaba la democracia (otra palabra extraña) en este país de años de dictadura.
Y el nuevo presidente hacía de las suyas expresándose en las emisoras de radio y televisión.
Éste amigo el cual admiré, pues tenía en su léxico palabras desconocidas en su haber, probablemente escuchó de sus padres, algún familiar, o amigo, y en ese momento, mientras jugábamos en recreo, el la ensayó.
Demagogia, demagogia, sonaba muy bien ese nuevo término recién aprendido, que para mí tenía un significado altisonante.
Años después comprendí con pesar, que era la definición dada al delusorio desliz de la palabra.
Larouse : Demagogia: Dominación de la plebe.
...Y con plétora, exuberancia y profusión de palabras, se conquista la estolidez de la plebe que con vocablos hermosos y remozados, se deja llevar a la montaña más alta en donde la promesa delusoria muestra los reinos...
Y continua la representación en el tiempo, y nos vamos convirtiendo en sevum pecus.
