


Primera parte.
_ ¿Qué haces cuando te toca un día gris?_A todos nos toca un día gris en la vida, pues es necesario conocer todos los matices que ésta nos ofrece, pero a veces, el gris que cubre nuestra frente y nubla nuestra visión es causa de nuestros propios pensamientos, que no son de otro color que el gris.
Es bien cierto eso que rezan algunos preceptos por allí: si cambias tu manera de pensar, cambias tu manera de vivir pero también es cierto que no todos estamos prestos a los cambios.
¿Sabes algo? Los cambios son tan parte de la vida como la sangre es parte de tu cuerpo, y tan necesarios como el sol para que sea día, la lluvia para que haya vida y el oxigeno para respirar. No hay nada que no se someta a cambios en este planeta azul.
_ ¿Cuándo debemos cambiar?_
Los cambios traen siempre indicios que nos indican el cuándo (indicios que no siempre reconocemos, dicho sea de paso) y que nos indican que ya es hora de evolucionar, de envolvernos cual oruga en nuestra propia crisálida y metamorfosear.
Debemos cambiar cuando estos pequeños indicadores nos lo recomienden o avisen: cuando no estamos bien con lo que somos, cuando nos estancamos o aferramos, cuando lo que hacemos no nos lleva a ninguna parte. Por que, a veces, nos quedamos envueltos en rutinas esperando que arroje un resultado diferente al de siempre; con la esperanza de alcanzar ese no se que que no es nothing (como con la rueda de la jaula). Cuando lo que ejercemos no nos ayuda a crecer, ni a volar. Allí es el momento justo pa darle marcha a la confección de la envoltura antes mencionada: la del cambio.


