Cuando la realidad supera la fantasia…

 La razón mas poderosa que tenemos los hombres para el despertar; es el sueño. Esa quimera que aviva las ansias internas y se manifiesta en la acción de abrir los ojos cada mañana, pero algunas veces, existe algo mas que las ganas de vivir; y su antónimo amanece en la legaña de los ojos: Las ansias de morir.
_ ¿Qué, cómo soluciono esto? Fácil: suicidándome.
El suicidio; es ese pecado que a todos nos toca enfrentar un día, el que llena una de las tantas venas del pensamiento ocioso del hombre, que acaricia la cabellera larga de los problemas y promete ser ese escape del martirio… ¿Qué cuál martirio?... ¡la vida!...
Se enreda entre el perdonar, la fortaleza y el olvido. Y nos hunde entre razones que _según él_ no vale la pena recordar. Crea ese espacio vació y no deja mas que la pared blanca del raciocinio, en la cual, mediante técnicas impresionista, dibuja y pinta cada etapa horrible de tu vida, cada mala experiencia, cada día nefasto; suprimiendo todo lo bonito, y crea la justificación al deseo de morir.
Los pensamientos pasan a ser deseos y la vehemencia aparece disfrazada de bondad; de solución… de amiga, para decirte: _ ¡Mira tu rostro demacrado! Cómo los malos vientos de la vida despeinaron tus ganas, y las ojeras del cansancio poblaron los pocos espacios blancos y sin marcas que quedaban en tu cara… ¿Qué ganas estando en la vida?

 

Vida _si es verdad que estas después de la muerte_: ¿Cómo sé solucionan los problemas acabando contigo? ¿Acaso no es tu culpa, sino una treta del demonio?_ No.
No es el diablo lo que te arrastra a este precipicio; lo que pasa es que es mas fácil cuando se tiene un culpable ajeno a tu propio cuerpo. Es el miedo absurdo a no poder ser, estar y seguir siempre con los cuatro dedos en alto.

 

No he podido explicarme mis propias razones a estas dulces ganas de morir, de arrancarme de la boca ese último suspiro que me dice que estoy vivo. De callar al sístole y diástole que mas que latidos; son gemidos, de este corazón podrido que forma parte de mi armadura; la cual no sirve para protegerme sino para joderme, al permitir que sienta el dolor. Ni si quiera he logrado que mis gases; inoportunos como siempre, sean mas que simples expresiones de un extraño a mis pensamientos, al que lamentablemente no puedo manipular.

 

Mi verdad supero la realidad… ¿¡Quien diría que “Belda póstuma” pasaría a formar parte en la colección de mis vivencias!?

 

…He intentado recrear en mi cerebro; ese ultimo destello de tu pensamiento, esa la peor de las conclusiones que arrojaste, ese; el mas horrible y macabro plan que desarrollaste para solventar un “no sé qué”, que me carcome el cerebro.
Aun te imagino: ecuánime, centrada e inteligente. Aun creo, en que despertaré del mal sueño y podré decirte lo mucho que me alegra fuera una de mis tantas pesadillas… pero; esto no es una creación del señor West Craven.
Ahora todo queda reducido a un pupitre vacío, una pizarra sin letras, a una intervención sin alegatos (los tuyos) y una panadería cualquiera donde el maltrato no será un motivo de risa, sino de llanto… Mi pregunta ahora es: ¿Adonde se fue la inocencia de los días aquellos, en que los helados  y las metras, eliminaban mas que la riñas de las calle y nos solucionaban la vida?


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Escrito por: etelsaga       17/10/07 18:04
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Creo que la idea de la muerte y del suicidio ronda por muchas mentes, pero más que esa idea es nuestra inconformidad con lo que vivimos, esa querida felicidad de la cual tanto se habla y que no la vivimos porque tenemos un concepto errado de ella.
De todas formas, creo que el que se suicida es un cobarde, pero valiente a la vez. Cobarde porque no enfrenta la vida con todos sus pesares y alegrías, y valiente porque para tomar esta decisión se necesita valor.
Cariñosamente,
Escrito por: Ing_de_poemas       13/10/07 20:09
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Buen material, dice las verdades que mucchas veces nadie se atreve a exteriorizar.
Un abrazo....
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revasquez

Rubén E. Vásquez T.
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