No me hizo ninguna gracia despestarme a las 4 de la mañana
en aquel lugar nauseabundo y oscuro, el fuerte olor a cigarrillos y a vomito de
borrachos me aturdió, por un momentoi llegué a creer que estaba preso, pero la
soledad y lo amplio del resinto me mostró otra realidad, me asome a la amplia
ventana que daba a la avenida y pude ver mi pequeño vehiculo estacionado al
otro lado de la calle, habían varios jovenes sentados sobre el capó y uno de
ellos se meaba en la ventana de la puerta trasera, grité, pero nadie me
escuchó, me llevé las manos a los bolsillos para buscar mis llaves o algo con
que golpear el vidrio del ventanal solo para darme cuenta de que no tenía
pantalones, entonces si me asusté, volví violentamente hacia el mostraor, salté
hacia adentro solo para encontrarme con la vieja cajera, desnuda, dormida como
una osa, sin nada de ropa y con una enorme sonrisa en su cara maltratada y
llena de años, no quise sacar conclusiones, como pude saque mis pantalones de
debajo de su cuerpo regordete y añejo, me medio vestí, tomé las llaves de la
caja registradora, salí de aquel bar que tantas historias había escrito en mi
vida, tiré las llaves adentro por el entrepaño de la puerta y me fui para nunca
más volver, demás está decir que nunca más volví a beber en un bar. SOLO EN MI
CASA, y bien acompañado de mi esposa, por si acaso
