TOMAS HIDALGO CALVACHE - NUEVOS APUNTES
PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA
(Pasto, 1965)
S
us estudios primarios los realizó en el Instituto San Juan Bosco, y su bachillerato en el INEM; es Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad de Nariño. Especialista en Literatura Latinoamericana. Ha sido Director de la Concentración Escolar “Antonio Nariño” y del “Instituto Santa María Eufrasia” de Pasto. Docente de la Escuela Normal Superior de Pasto –Maestro Consejero- y del Instituto Nacional de Educación Media de Pasto. Tutor del programa Bachillerato en Bienestar Rural –Corregimiento de Morasurco-. En la actualidad es Coordinador de la Red Cultural del Municipio de Pasto –Oficina de Cultura Municipal-. Ex funcionario de la Contraloría General de la Republica en la ciudad de Santa fe de Bogotá. En su calidad de Promotor de Cooperativas recorrió gran parte de la geografía nariñense creando y promoviendo organizaciones campesinas. En el Municipio de Pasto se desempeñó en el cargo de Subsecretario de Educa-ción.
P
ese a su juventud ya tiene varios libros publicados: “Del amor por la Tierra y otros Relatos” (1996), “Utilidad del Poeta” (1994), “Diario de un Maestro de Escuela” (1998), “Manifiesto Libre de un Ciudadano Latinoamericano” (1995), “Apuntes para una Nueva Historia” (1999), “Un pueblo ante la Historia” (2000), “La Filosofía de la Gallina” (2001), el cual fue presentado en la XIV Feria Internacional del Libro en Bogotá, “El doctor Mierda” (2002). También es autor de los libros inéditos: “Amalgama” (relatos breves), “Semilla” (poesía y ensayo), “Nuevos Apuntes – Tomás Hidalgo Calvache” y el documento histórico“Y los Pastusos teníamos la razón”.Ha obtenido los siguientes recono-cimientos:
Mención Correo del Sur, Escritor más destacado del departamento de Nariño en 1989.
Finalista VI Concurso Interna-cional de Cuento, Prensa Nueva – 1991.
Primer Puesto Concurso Nacional de Cuento, convocado por la Contraloría General de la República, Bogotá 1992.
Mención correo del Sur. Escritor más destacado del departamento de Nariño, 1996.
Columnista más destacado del departamento de Nariño, 1997.
Cronista más destacado del de-partamento de Nariño, 1998.
Personaje Cívico más destacado del departamento de Nariño, año2000.
Escritor más destacado de Nari-ño, año2001.
Columnista de DIARIO DEL SUR.
Exsecretario General del Colegio Nacional de Periodistas, Seccional Nariño.
Expresidente Colegio Nacional de Pe-riodistas, Seccional Nariño.
Columnista Revista Semana.com – Colombia.
Colaborador Revista Colombo – Ale-mana Café Berlín (Edición Bilingüe)
Colaborador Revista ASTERION XXI – Buenos Aires – Argentina.
Colaborador Revista Cultural RETO.
Tomado del libro “Poetas y Narradores de Nariño”. Xexus Edita – 2001.
San Juan de Pasto. Javier Rodriza-les.
TOMAS HIDALGO CALVACHE – NUEVOS APUNTES-.
(VOLUMEN II)
Pablo Emilio Obando Acosta
03/09/03
San Juan de Pasto,
19 de Febrero de 1999
Periodista
PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA
Columnista Diario del Sur
Honorable y digno señor escritor:
En verdad, no se como expresar mi agradecimiento, en mi humilde condición de descendiente del sabio, poeta, escritor, traductor de 14 idiomas y lingüista del sur de nuestra patria, TOMAS HIDALGO LARA; es usted quien como digno exponente de los letrados honestos, quien escribe con ciencia y sabiduría leal, la importancia del sabio del sur, del siglo XVIII. Ese sabio era nuestro abuelo, gracias por buscar la verdad y hacernos sentir a sus descendientes gratificados con su obra, donde se narra con gran acierto y claridad, reconociendo la grandeza de una familia humilde, descendiente del sabio Tomás Hidalgo Lara.
Señor Pablo Emilio, es usted para nuestra familia, un símbolo del esfuerzo y la dignidad humana, que sabe hacer honor a su labor de periodista y escritor honesto, que busca dar información o ilustrar a sus lectores, no solo con el diario acontecer de nuestra patria y del mundo, sino que también busca desentrañar la verdad del ayer, donde hubo hombres y mujeres importantes que eran genialidades de su época, y que en mucho contribuyeron en el bien cultural de nuestra patria.
En mi caso, como hijo de Alejandrina Hidalgo y en nombre de mis hermanos: José María, Julio, Luz Angélica e Inés, así como de mi prima Marianita Hidalgo, hija de mi tía Victoria Hidalgo, no me cabe en la mente, otra cosa, que dar gracias al Todo Poderoso, por habernos permitido, en vida, asistir al lanzamiento de su obra, acto que se llevó a cabo en el Salón del Honorable Concejo Municipal, recinto de la de-mocracia de nuestro Municipio de Pasto, donde por primera vez una humilde familia descendiente del ilustre sabio del sur, se siente homenajeada con tan alta publicación.
El Escritor Tomás Hidalgo Lara, quien según mi abuelita Natalia Guerra de Hidalgo (esposa del mencionado Sabio), había sido uno de los pioneros con sus escritos, para la organización de lo que hoy es el Departamento de Nariño.
Gracias a usted y a quienes con su esfuerzo lograron que el olvido despertara e hiciera memoria del re-cuerdo.
Nieto agradecido,
JUSTO PEREGRINO HIDALGO
c.c. Nº 887.304 de Cartagena
Manzana 21, Casa 6, Barrio Corazón de Jesús
San Juan de Pasto, 22 de febrero de 1999
Escritor
PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA
Presidente Colegio Nacional de Periodistas
Seccional Nariño
Ciudad
Estimado amigo:
Te expreso sinceras felicitaciones por tu dedicación y entrega en la minuciosa recolección de la información que condujo a la redacción de tu libro “Apuntes para una nueva historia”.
El texto, al contraponer a dos de los más eximios autores nariñenses, Tomás Hidalgo Calvache y Leopoldo López Alvarez, conduce a generar una lectura crítica y pormenorizada de los personajes implicados, así como a suscitar numerosos interrogantes, que quizá eruditos, defensores o detractores de López e Hidalgo, se atrevan a resolver.
Lastimosamente, quién sabe qué indujo al citado Kar A Melo (Neftalí Benavides Rivera) a suprimir el nombre del Inspector de Educación que supues-tamente recibió los baúles que contenían los manuscritos y libros de Tomás Hidalgo, valiosa fuente de información que hubiera permitido aclarar buena parte de esta investiga-ción.
Por último, me permito hacerte dos sugerencias de forma para futuras ediciones: una, corregir el error or-tográfico del vocablo escasícima, escrito en el primer párrafo de la página 6; y dos, en el penúltimo párrafo de la página 75 el vocablo fuerza está inconcluso, se lee fuer.
Sólo me resta desear que continúes con tu prolífera vocación por las letras.
Cordialmente,
RICARDO ERAZO MERA
Decano Facultad Comunicación Social
Universidad Mariana
“Exhortamos igualmente al doctor Medina, actual Gobernador del Departamento y especialmente al Centro de Historia, para que procuren llenar el enorme vacío que se ha hecho sobre el olvidado nombre de Tomás Hidalgo C., cuyos datos biográficos dispersos acabarán por negar, con su destrucción, una de las pocas glorias que resaltan en el escudo intelectual de Nariño”.
(“Historia de la Congregación de S. Felipe Neri”.
Arístides Gutiérrez. Pasto. 1934. Pg. 38)
En su corona fúnebre dedicada a Tomás Hidalgo, Valencia lo llamó:
“ERMITAÑO DE LA SABIDURIA, ERIGIO SU CELDA CON LIBROS…”
INDICE
AGRADECIMIENTOS
(¡UN VIEJO CUADERNO!)
Eustacio Castro DON TOMAS HIDALGO
José María Barreiro 9
Ricardo Nieto 10
H. R. 11
José Antonio Rosero 12
A. Z. // 14
Al Sabio Francisco José de Caldas 17
Versos de Jose Maria Samper 19
La obra de Tomás 22
El asesino 26
Los conspiradores 31
¿…Decimistas o Novenarios…? 40
El Cincuentenario del Dto. de Nariño .......42
El polemista 48
Un Amigo del Sabio Tomás 54
¿Lara o Calvache? 57
Algunas Aclaraciones 63
COMENTARIOS
EL ESCRITOR Y SU OBRA
TRAGEDIA O DESTINO
Pasto, 2 de enero de 1905
AGRADECIMIENTOS
Deseo agradecer a todas aquellas personas que han hecho posible la aparición de este Segundo Volumen sobre la vida y obra del pastuso TOMAS HIDALGO CALVACHE, llamado por el Maestro Valencia “ERMITAÑO DE LA SABIDURIA”.
A mi esposa Esther y a mi hijo Juan Pablo por permitirme soñar y apoyarme incondicionalmente en mis emprendimientos que han constituido mi proyecto de vida. Por permitirme robarles su tiempo y entregarlo a la Cultura Nariñense.
A mi padre Nelson Ovidio Obando H. por facilitarme el trabajo y colaborarme en la búsqueda de mate-rial valioso e imprescindible.
Por ser tronco de una raza noble.
A Jaime Enríquez Sansón, amigo, espíritu y alma de estas páginas.
Al periodista y hombre de cultura Miguel Garzón Arteaga. Por la generosidad de su alma y sus pala-bras. Porque en su pluma se perfiló mi destino.
A Eudoro Narváez Chávez en gentileza a sus palabras.
A Jorge Arturo Bravo. Batallador incansable.
Al Concejo Municipal de Pasto, por creer en la juventud estudiosa del Sur.
¡UN VIEJO CUADERNO!
U
n viejo cuaderno en cuya pasta puede leerse la fecha 2 de enero de 1905 (fecha casi ilegible) contiene los poemas de Eustacio Castro, José María Barreiro, Ricardo Nieto, H. R., José Antonio Rosero, A. Z., escritos en honor al sabio pastuso Tomás Hidalgo Cal-vache.
Con una letra de características delicadas y finas, doña Natalia Guerra transcribe uno a uno los poemas que le fueron enviados desde Popayán y que ella mismo los ilustra.
Los dibujos son unos sencillos trazos que dejan entrever la sencillez de su alma y el imborrable recuerdo hacia la memoria de su esposo asesinado.
Al tenerlo en nuestras manos sentimos la desolación que transmite cada una de sus páginas; nuestra alegría de encontrar documento tan valioso y precioso se ve nublada por el contenido triste y abrumador de los poemas.
Imaginamos a doña Natalia escribiendo en la soledad de su cuarto y en los momentos en que su pobreza se lo permite. Se perciben sus lágrimas y su tristeza; es casi sentirla y oírla en sus lamentos al pasar la vista a su cuaderno de poesías y cuyo primer poema hace vibrar el alma y hervir la sangre:
“Viajador, terminaste el camino
y en la madre común des-cansas ya,
qué hermoso es dormirse;
al Sol naciente, y a la tar-de
a otra vida despertar”.
Diez años después el recuerdo y la memoria de Tomás Hidalgo Calvache continúan vivos en la mente y en el corazón de Natalia Guerra; los restos de su esposo reposan ya en su patria chica (fueron traídos a Pasto el 15 de enero de 1901), pero muy seguramente aún estaba fresca la amargura de saberlo muerto en tierra ajena y la ausencia de sus seres queridos en el último adiós.
Así lo interpretó el poeta H. R. en uno de los versos dedicados al sabio muerto:
“!Ah! Los que mueren lejos, olvidados
sin que a nadie le arranquen honda queja
Ah! Pobres muertos! Sin afecto caro
que cambie en oración la amarga pena”.
Natalia Guerra, en testimonio de sus nietos, criados por ella, era una mujer en extremo sensible y culta. Grandes personalidades de la vida política y cultural de Pasto la frecuentaban y sostenían largas charlas que denotaban el profundo aprecio que hacia ella sentían y por sobre todo, el inmenso aprecio, casi veneración, que conservaban por el sabio pastuso Tomás Hidalgo.
En torno a las grandes personalidades de la historia se tejen leyendas y fantasías que de no desmentirlas termi-nan siendo verdades. Tal el caso que nos ocupa.
En conversación con un personaje nariñense, comentaba éste que doña Natalia Guerra, dada su extrema pobreza, vendía cucuruchos de café y que estos cucuruchos eran nada más ni nada menos que confeccionados con papel cuyo contenido era ¡la obra de Tomás Hidalgo!.
Nada más falso ni más falto a la verdad. Natalia Guerra no era una mujer ignorante para proceder de esa forma y mucho menos para mancillar así la memoria de su esposo.
La dignidad y el orgullo de saberse viuda de personaje tan ilustre, no le permitieron arrodillarse ante los poderosos para implorar las migajas de una falsa conmiseración y cargó sobre sí y sus hijas la honra de una pobreza franciscana.
Al decir de la señora Vilma Hidalgo, nieta de don Tomás, doña Natalia lloraba mucho y hablaba con devoción de su esposo vilmente asesinado en Popayán. A doña Natalia no le cabe un señalamiento tan bajo e infundado como el que pretende darle la historia, y su nombre debe ser ejemplo para las presentes y futuras generaciones del Sur que tan fácil olvidan su procedencia y linaje.
Gracias a ese viejo cuaderno puede la historia conocer el sentimiento que causó el vil asesinato de Tomás Hidalgo en sus contemporáneos que lo conocie-ron de cerca y valoraron sus acciones.
En honor a TOMAS HIDALGO CALVACHE y su dignísima esposa doña NATALIA GUERRA, nos permitimos transcribir estos poemas que pintan de una manera clara para la historia, el valor real y la estampa de uno de los más grandes hijos del Sur.
EN LA TUMBA DEL SEÑOR
DON TOMAS HIDALGO
(RECUERDO A SU ESPOSA)
I
Viajador, terminaste el camino
y en la madre común descansas ya,
¡Qué hermoso es dormirse;
al sol naciente, y a la tarde
a otra vida despertar!
II
Ave que de este mundo no ha tocado
con su ala de algodón el cenegal….
al águila que vive en las alturas
el limo terrenal no alcanzará.
III
Qué hermoso es, tras la fosa que se cierra,
ver abrirse de amor un bello altar,
y en las flores que en su sitio brotan
entretejer coronas de amistad!
IV
Su cuna fue el dolor, su vida el llanto
y su muerte exhalación fugaz….
que en alma, levanta, el infortunio
más hondo el aguijón va a sepultar.
V
La cadena que enlaza los sepulcros
nuestro eslabón de amor prolongue
del recuerdo la santa (ilegible)
no parece jamás, es inmortal.
Eustacio Castro.
EN LA MUERTE DEL SEÑOR
DON TOMAS HIDALGO
I
Duerme tranquilo en la fosa,
inteligente suriano,
que no faltará una mano,
benévola y generosa,
que a tus hijos y a tu esposa
de por caridad el pan
que buscabas con afán
cuando la muerte, improviso,
porque Dios así lo quiso,
te sorprendió en Popayán.
II
Pulse el poeta la lira
ensalzando tu virtud:
yo quiero que mi laúd,
(ilegible) que siente suspira
y con hacer bien delira,
no de sentida canción;
pero implore protección
para el hogar desgraciado
que pobre y abandonado
sumido está en la aflicción.
José María Barreiro
EN LA MUERTE DEL SEÑOR DON TOMAS HIDALGO
I
Cuánta tristeza el corazón no siente
al ver que la esperanza
es tan sólo un recuerdo en el presente
al ver que en una tumba ya descansa
aquel cuya existencia
fue la continua lucha por la ciencia!
Del joven que era gloria
de la patria, y que dio sus resplandores
para alumbrar la senda de la Historia,
hoy sólo quedan los despojos yertos….
más su recuerdo vive en la memoria,
que el olvido no alcanza a tales muertos!
No tuvo ni el consuelo
al bajar a esa tumba solitaria
en que el hombre reposa,
de escuchar de su madre la plegaria
de recibir el beso de su esposa.
………………………………………………
Duerme, Hidalgo, en la tumba; que la muerte
es para ti el principio de esa vida
que obtiene el varón fuerte,
al dejar a la tierra envilecida
la materia que en polvo se convierte
Ricardo Nieto
I
Ah! los que mueren lejos, olvidados
sin que a nadie le arranquen honda queja
Ah! pobres muertos! Sin afecto caro
que cambie en oración la amarga pena.
II
Pero felices los que el vuelo tienden
a pesar de las lágrimas que brillan,
y tienen cabe el árbol donde duermen
melancólicas flores amarillas!
H. R.
I
Si al declinar el ígneo soberano
que gobierna el espacio, se enlutece
el mar, el bosque, la pendiente, el llano,
y el cielo cual cadáver palidece;
si la escarcha al rodar entre las flores
donde el perfume y el color habita,
todo lo arrasa y todo lo marchita
al paso de los vientos segadores;
así también en la conciencia humana
al sentimiento del dolor se enluta.
La aspiración ardiente y soberana
que grandes creaciones ejecuta…
Y descienden los magnos ideales
que al genio colosal pone en el cielo,
cual diamantinas gotas invernales
que entre rayos de luz vienen al suelo!
II
¡Todo en la mísera existencia acaba,
donde la vida de lo eterno empieza:
y la esperanza que entre penas mora
sus blaquísimas alas despereza,
para volar a la región que invoca
el alma enferma entre su fiebre loca…!
¡Y allá partiste, Hidalgo, con tus sueños
llenos de luz y fulgurantes galas:
allá donde la gloria da a sus dueños,
todo el fulgor de sus combatientes alas!
III
Por eso cuando vino mustia y pálida,
a estrecharte la muerte, entre sus brazos,
el alma mariposa, sin crisálida,
dejó su habitación hecha pedazos!
Y entre el ropaje de pomposas nubes
cruzó la inmensidad, como un cometa;
y al mirarte tan blanca, los querubes
¡Le abrieron paso a su mansión secreta!
IV
Y mientras hayan fieles corazones
de tu glorioso batallar testigos,
imperarás allí, con tus creaciones;
y en el triste panteón, donde blanquean
las solitarias tumbas, y luctuosos
los cipreses sus copas balancean,
irá, para realce de tu gloria,
a derramar sus lágrimas la Historia!
José Antonio Rosero
I
Esos tules flotantes que lleva
de la tarde apacible el aliento,
cuántas veces sentado en la piedra
cabe duermes, absorto contemplo
y lanzando profundo suspiro,
abrumado de crueles recuerdos,
pienso a solas que aquellos vapores
son emblema del último sueño!
Y oigo un eco que dice en la sombra
“Qué tranquilos que duermen los muertos”.
II
Luego miro jugar a los vientos
del Saúz soñoliento en las ramas,
del Ciprés en la altísima copa,
Oh! dolor! a tu soplo erizada!
Y el eterno rumor que modulan,
y la sombra que rápida avanza,
negra noche que todo lo borra
del olvido negrísima hermana,
pienso a solas que son bella imagen
de la eterna, dulcísima calma!
¡Y al mirar en la fosa entreabierta
las dolientes ruinas que guarda!
III
Me pregunto que fue de la lira!
Y que fue de la pluma y la espada!
Que la ardiente explosión de la gloria
y de amor la ardientísima llama.
Me pregunto si todo allí empieza!
Me pregunto si todo allí acaba!
Y enjugando con trémula mano
en mis ojos frúsimas lágrimas
digo a solas: “Dolor que me hieres,
tu también con la vida te apagas!”
Y oigo un eco que dice en la sombra:
“Hay un molde que todo lo iguala!”
.
IV
Y me alejo diciendo conmigo:
morir hoy o mañana ¿qué importa?
Oh! que importa si el pecho aterido
es sepulcro de muertas auroras!
Y si seca la fuente del llanto
ya del cáliz la hez nos ahoga!
Y al seguir en la lucha del mundo
oigo un eco que dice en la sombra:
“Solo el justo reluce en la tumba
como el oro nativo en su roca!”
A. Z.
N
o se equivoca el poeta cuando dice “solo el justo reluce en la tumba. Cómo el oro nati-vo en su roca”, Tomás Hidalgo Calvache brillará por siempre con luz propia en las mejores páginas de la historia colombiana
Encontramos en aquel viejo cuaderno otros poemas que nos acercan al pensamiento de Tomás Hidalgo. En reportaje concedido a Kar -A.- Melo, doña Natalia Guerra relata que la noche anterior al asesinato de su esposo se llevó a efecto una velada literaria en honor al Sabio Caldas. Pues bien, en aquel viejo cuaderno encontramos la transcripción de un poema dedicado “Al Sabio Francisco José de Caldas”. Muy seguramente doña Natalia lo transcribió por cuanto sabía del aprecio de su esposo por este ilustre hijo de las Américas que se adelantó a su época y buscó por todos los medios la cristalización de uno de los sueños más bellos tenidos en estas tierras: La Libertad.
Idéntico sueño acompañó la existencia de Tomás Hidalgo: la creación y el reconocimiento del Sur como ente territorial con autonomía política y administrativa. Los decimistas (que terminaron siendo “novenarios”) contaron en la figura de Tomás Hidalgo el torrente joven y vigoroso que henchiría las velas de la historia para encauzarlas hacia tierras de libertad y honor.
Leamos este poema que, como se dijo, nos aproxima al pensamiento de Tomás Hidalgo y hermana a dos grandes en la historia:
AL SABIO FRANCISCO JOSE DE CALDAS
I
¡Entregaste! por la patria la garganta.
Hijo de la idea, y de la gloria;
tu nombre morirá con la historia
rota fue la cadena que el tirano espanta.
¡Oh! feliz cuando mi labio te canta.
II
Y cual limoido sol, en la memoria
se refleja en el mundo, en la ilusoria
imagen que Dios mismo abrillanta.
III
Tu nido fue el espacio, por órbita lo infinito
vinculaste en lo eterno tu alma;
y fue tu nombre, en los mártires inscritos.
El ángel de la belleza, guardó tu alma
contemplando de tu muerte el grito
y de Colombia el lauro y la palma.
¡U
n viejo cuaderno! Arcanos caminos de la historia. En sus páginas, tal vez sin propo-nérselo, quedaron inscritas imborrables horas de uno de los episodios más bellos y trágicos vividos en el Sur.
Encontramos unos versos de José María Samper ante el cadáver de José María Vergara y Tenorio que bien pueden considerarse unos “Versos de José María Samper ante el cadáver de Tomás Hidalgo Calvache”: “Vedle!… tendido en su mortuorio lecho/. Sin luz, sin alma… sin calor la frente/ Blanca nube perdida en oc-cidente/ A los reflejos últimos del sol!/. Flor que trochada se llevó el torrente;/ Pájaro errante que perdió su nido/ Triste como el incógnito gemido/ lanzado en la tormenta del dolor”. “Quiso volar y le faltó el espacio,/ Quiso luchar y le venció el destino.”
“Genio precoz de quien celoso el tiempo/ Que sus secretos le arrancara un día/. Condenolo a la fúnebre agonía”.
Y letra a letra era consignada con las manos temblorosas de Natalia Guerra. Su espíritu transformado en llanto debió sobreponerse al dolor de los desheredados de la fortuna y haciendo acopio de valor elevar una plegaria a Dios por su querido muerto.
Leamos el poema en mención y pensemos que el destino y la casualidad permitieron a doña Natalia recrear la tragedia de su esposo en estos versos terribles y sublimes.
VERSOS DE JOSE MARIA SAMPER ANTE EL CADAVER DE JOSE MARIA VERGARA Y TENORIO
I
Vedle!… tendido en su mortuorio lecho
sin luz, sin alma… sin calor la frente,
blanca nube perdida en occidente
a los reflejos últimos del sol!
Flor que tronchada se llevó el torrente;
pájaro errante que perdió su nido
triste como el incógnito gemido,
lanzado en la tormenta del dolor
quiso volar y le faltó el espacio,
quiso luchar y le venció el destino
y tomó su bastón de peregrino
y el viaje emprendió a la eternidad!
Su alma fue altiva y la humilló la muerte:
ardiente su mirada y apagose
al ceñirse sobre si la tempestad…
II
Era gigante el pensamiento suyo
y gigante la luz de su existencia
no tuvo la materia resistencia
hasta poner al pensamiento tal!
Que al sentirse la lava comprimida
por el estrecho cráter en su vuelo
hace explosión y se levanta al cielo
sacudiendo su atmósfera letal.
III
Era joven y el valle de la vida
recorrió fiando en su destino.
Pero en la noche equivocó el camino
cayó al abismo y le llevó el turbión
le arrastró de tormento en agonía.
Y ya cadáver, sin ardor la mente
como un escombro le arrojó el torrente
a la playa del triste panteón.
IV
Genio precoz de quien celoso el tiempo
que sus secretos le arrancaran un día
condenolo a la fúnebre agonía,
lleno de inmensa inspiración y ardor.
Lucero errante en el azul espacio
que sin lugar donde caber pudiera
falto de aliento en la mundana esfera
en lo infinito a reposar voló!
V
Eso era… tu valiente mensajero
de la victoria que viviste armado:
mas si el calor te aniquila triunfando
mueres viendo reinante la verdad.
Apóstol noble de una santa idea.
Al fin el pueblo tu visión alcanza:
y si tu genio le dejó esperanza
en cambio te da inmortalidad.
Pasto, 6 de febrero de 1905
LA OBRA DE DON TOMAS
E ncontramos en la revista Ilustración Nariñense del mes de diciembre de 1954 un testimonio sobre la obra de Tomás Hidalgo:
“Mi hermano Tomás, ciertamente llevó a Popayán la Historia del Sur de Colombia ya concluida en siete resmas de papel oficio”. Quien así se refiere es Ricardo Hidalgo Calvache, hermano de nuestro desafortunado sabio. Por parecernos un testimonio fiel y ajustado a la verdad hacemos eco de sus palabras y a la vez sirvan para reiterar la denuncia de la desaparición de las obras de Tomás Hidalgo que años más adelante formulara doña Natalia Guerra.
En la misma revista encontramos las siguientes palabras:
“././. y ya sabemos que esa valiosa obra desapareció y que apenas quedaron algunos fragmentos…”.
Como se puede ver, ya desde aquellos años se ventilaba a la opinión pública hecho tan peculiar en las letras colombianas y nariñenses.
La misma Natalia Guerra en reportaje concedido a Kar – A – Melo en el año de 1952 asevera que “Tomás salió de Pasto llevando varios cajones de libros y el rico tesoro de sus manuscritos y archivos”. El artículo en mención se reprodujo en el libro de mi autoría “Apuntes para una Nueva Historia” editado en la ciudad de Pasto y en el año de 1999 bajo los auspicios del Consejo Municipal.
Y en un acto de valentía e inteligencia doña Natalia reitera que “Varios, numerosos escritos que mi esposo estimaba tanto, quedaron en poder del Gobernador del Cauca, doctor Pedro Antonio Molina, y nunca me fueron devueltos…”. Nos preguntamos aquí, qué gestiones realizaron los gobernantes de entonces para recuperar obra tan valiosa que contribuiría a torcer los hilos de la historia nacional por su contenido de carácter reivindicativo como lo colegimos del índice de la obra publicada en la ciudad de Ipiales en el año de 1893.
La respuesta a este interrogante la encontramos en las palabras de Natalia Guerra: “/… Los baúles de libros con sus manuscritos y archivos fueron despachados a Pasto al Inspector de Educación de ese entonces, señor …”. Aquí es inexplicable el silencio de Kar – A – Melo al suprimir el nombre de dicho Inspector. Tal vez el nombre del destinatario del material enviado a Pasto aclare el destino de los escritos, manuscritos y archivos de don Tomás.
Causa igualmente sorpresa el comprobar, una vez más, cómo las denuncias de Natalia Guerra no dieron origen a una seria investigación de los hechos y, por el contrario, se elevaron más cortinas y se hachó más humo para acallar, inútilmente, las voces de la historia.
Con dolor y rabia continúa doña Natalia: “Hay ciertos prestigios, señor periodista, que se han hecho a base de esfuerzos, talento y estudio de mi difunto esposo”. Estas palabras son un claro indicio del conocimiento que tenía doña Natalia del destino de las obras de su esposo, “Hay ciertos prestigios”, claras denuncias de un robo literario por aclarar y que, como lo dice Arístides Gutiérrez en testimonio de su valía, “Exhortamos igualmente al doctor Medina, actual Gobernador del Departamento y especialmente al Centro de Historia, para que procuren llenar el enorme vacío que se ha hecho sobre el olvidado nombre de Tomás Hidalgo C…”. desconocemos, tal vez por inexistentes, las gestiones adelantadas por el doctor Medina y mucho menos los pronunciamientos del Centro de Historia. El silencio de uno y otro ante llamado tan directo deja entrever temor por descubrir a los culpables de tan nefasto crimen.
Nótese que Arístides Gutiérrez es muy claro cuando dice que referente a la obra de Tomás Hidalgo C. “se ha hecho un enorme vacío”.
Nos preguntamos: ¿Quién instigó tal silencio? ¿Por qué aún hay interesados en mantener dicho silencio? ¿Por qué el silencio de las Academias? La historia lo dirá y pondrá al descubierto el oportunismo y la desidia de quienes orientan y dirigen los caminos de la misma.
De una forma contundente doña Natalia asevera: “Antes de viajar a esa población me hice presente en la casa del respetable caballero… (Doña Natalia nos vuelve a dar otro nombre, que también lo callamos) y le encargué algunos cajones contentivos del resto de libros y de otros manuscritos y el archivo de mi marido. A mi regreso de Tangua fui por mi preciado encargo, más, el caballero, el señor… muy orondo me dijo: “Como lo lamento, Natalia, creí que Ud. no regresaría… y por eso ordené que les echaran candela a esos cajones, pues es-taban estorbando mucho, eso era demasiada basura”.
Y concluye doña Natalia: “Pero eso no fue así, señor; por ahí anda mi marido, don Tomás Hidalgo Calvache, dictando sus lecciones y publicando sus escritos…”.
Queda una vez más comprobado que las obras de Tomás Hidalgo no fueron destruidas y que las enviadas por el señor Molina llegaron a un destinatario que posteriormente las publicó en beneficio pro-pio y sin dar crédito al talento y esfuerzo de Don Tomás.
Por demás, conociendo la valía de Don Tomás, ¿cómo es posible que un “respetable” caballero afirme que eso “era demasiada basura? La desprotección en la cual quedó Doña Natalia tras el asesinato de su esposo permitió que unos pela-fustanes aprovecharan la ocasión.
EL ASESINO
J
osé Antonio Rosero, “Poeta de Túquerres, educado en Popayán donde hizo estudios de abogado hasta concluir la carrera, de 1890 a 99. Murió pocos años después en el Sur”, como lo anota y recuerda Gustavo Arboleda en su “Diccionario Biográfico y Genealógico del Antiguo Departamento del Cauca” (pg. 396) escribía en honor a Tomás Hidalgo: “Y mientras hayan fieles corazones/ De tu glorioso batallar testigos,/ Imperarás allí, con tus creaciones;/ Y en el triste panteón, donde blanquean/ Las solitarias tumbas, y luctuosas/ Los cipreses sus copas balan-cean,/ Irá, para realce de tu gloria,/ a derramar sus lágrimas la Historia”.
Pues bien, la Historia no únicamente irá a la tumba de Don Tomás a derramar sus lágrimas sino a implorar justicia para su gloria.
Como bien se sabe, el asesino de Tomás Hidalgo Calvache fue Nicolás Olano. Los Olano se caracterizaron por su prestancia política y social en la sociedad caucana. Como lo relata Natalia Guerra, el día 30 de octubre de 1895, en horas de la noche, se celebró una velada en honor al Sabio Caldas. Hacía apenas un mes había arribado a Popayán el sabio Tomás Hidalgo en medio de grandes expectativas para los habitantes de la ciudad de Pubenza. Tomás, dada su inteligencia y juventud interviene en dicha velada y da al traste con un trabajo histórico de Antonio Olano. Este fue el otro florero de Llorente, el primero, por curiosas coincidencias, fue obra del sabio Caldas.
Nicolás Olano, hermano de Antonino, encuentra propicio el momento para tomar venganza y de paso “deshacerse de este sureño que sueña con crear un nuevo departamento”.
Es lamentable decir que esta página de la historia no se ha escrito hasta el momento y que desconocemos cuál fue el castigo que recibió Nicolás Olano por tan horrendo crimen que enlutó las letras del Sur.
Son escasos, nulos, los datos biográficos sobre el asesino y que no creemos se haya hecho justicia a pesar de que “el padre de Nicolás Olano, matador de Tomás, presentó a su propio hijo ante los jueces y solicitó que si lo hallaban culpable de la muerte del Sabio Tomás Hidalgo lo castigaran, como tan pavoroso caso lo merecía”. Lo que si sabemos es que se hizo justicia divina y en el año de 1931 cuando la hija mayor de Tomás Hidalgo, Zoila, emprende un viaje a Cali, al pasar por Popayán se le ocurre la idea de visitar y conocer al matador de su padre y lo encuentra lleno de lepra al extremo de excusarse él mismo de darle siquiera la mano.
Sería interesante conocer más de cerca los hechos y solicitar al Archivo Jurídico de Popayán copias sobre el caso, si es que existe.
Lo cierto es que los Olano eran una familia pudiente y poderosa, el criticado por Tomás (Antonino Olano) “… se graduó de abogado en su ciudad natal a los veinticuatro años. Fue profesor y rector de la Universidad, magistrado y fiscal del tribunal (1)del Cauca, miembro del Cabildo de Popayán y de la municipalidad de la provincia, secretario, diputado y presidente de la asamblea constituyente del Estado en 1857, la cual lo hizo segundo sustituto del gobernador; senador de la legislatura caucana del 59, ocupó repetidas veces asiento en los congresos desde 1834, y fue presidente de la cámara de representantes en 1855”.
Otro Olano, que lleva el mismo nombre del asesino, Nicolás, fue “secretario de hacienda del Departamento, representante al congreso…”
Tomás Olano y Hurtado “Estudió en el colegio de Yerbabuena, en la sabana de Bogotá, dirigido por José Manuel Marroquín; partió después a Europa con su hermano Nicolás, a los colegios de Jully, en París, y Stonighers, cerca de Londres, donde cursaron filosofía, literatura y altas matemáticas. De regreso a Colombia, padre e hijos fundaron una casa comercial con oficinas en Cali, Popayán y Quito”.
Tomás Olano y Olave, hermano del doctor Antonino Olano “En 1841 se lo nombró gobernador de Popayán, poco después fue propuesto para gobernador de Pasto, en 1848 se le designó intendente de hacienda del Cauca y en 1854 se le escogió para segundo designado del gobernador de la provincia natal, empleos que en su mayor parte se excusó de servir. Fue miembro de la Sociedad de Educación Primaria, comisionado para el censo de la población del 58 y tesorero de la Universidad”.
Nazario Olave “Tío del doctor Antonino Olano y apenas un año mayor que él, pues nació en Popayán en 1808; se graduó de doctor en jurisprudencia el 30 de julio de 1832, en la Universidad donde dictó economía política hasta 1836. Este año fue al congreso, de representante por Popayán; ejerció también los cargos de elector cantonal, agente fiscal y juez letrado de hacienda”.
De Tomás Hidalgo podemos decir que era hijo de Juan María Hidalgo y de Modesta Calvache. Que era dueño de una pobreza franciscana y que ni sus coterráneos, ni sus protectores, tuvieron la suficiente valía ni poder para enfrentarse a esa clase poderosa del Cauca.
Además del remordimiento de conciencia, si es que acaso lo tuvo, Nicolás Olano pagó con su lepra; la justicia humana lo absolvió por cuanto “todo se debió a un terrible error” y lo único que pretendía Nicolás era “cazar unas cuantas perdices y tórtolas cerca al Puente del Humilladero”.
Ayer, como hoy, la justicia es para los de ruana. El que tiene paga y es absuelto y el que no, se condena aunque sea inocente. Miremos los privilegios de unos cuantos nombres y apellidos que se escudan en sus padrinos políticos y rebajan su conciencia siendo simples lazarillos de los poderosos.
Tomás Hidalgo pagó con su vida la osadía de enfrentar a los dueños del poder; pero murió con dignidad y entereza al dedicar su existencia a las causas nobles y fecundas del espíritu.
Hacemos un llamado vehemente a aquellas entidades e instituciones encargadas de velar por el patrimonio histórica y cultural de nuestra región, para que salgan de ese marasmo en que se encuentran y den la cara de una vez por todas y justifiquen así el costo que el pueblo nariñense paga con sacrificio y dolor. No es el beneficio personal el que debe buscarse cuando se está al frente de una entidad, es la Historia la que se está labrando.
Ser figurines y vanos es ofender los claros preceptos históricos.
También pudo decirse de Tomás Hidalgo, que “era persona inteligente, muy consagrado a los estudios históricos, notablemente instruido en diversos ramos del saber humano y escritor distinguido…”; pero ante los tribunales humanos la valía de un hombre está dada en su capacidad mercantil o política, lo demás es pura ex-cusa para no morir.
LOS CONSPIRADORES
R
ecogemos las acertadas palabras de Tomás Hidalgo para demostrar que a los pastusos nos ha tocado llevar a cuestas el señalamiento de los colombianos. Bien se sabe que la historia la escriben los vencedores; y nosotros perdimos.
En el libro “Este día en San Juan de Pasto y en Nariño”, del sacerdote Jaime Alvarez, encontramos:
“Sé muy bien, que sobre todo Codazzi, trata a Pasto de “ignorante, supersticioso y fanático”, que se ha escrito “el pastuso no es orador ni poeta”, que una vez se propuso en la Capital de la República “es menester arrasar a Pasto, hacerlo cenizas y donde había sido plaza, poner una lápida con esta inscripción: “Aquí fue Pasto”; que cuando llegó hasta nosotros el telégrafo todavía se nos hacía la burla sangrienta de que “si creerán los pastusos que es obra del diablo” que “si aún venerábamos a nuestro amo y señor Fernando VII” y otras sandeces a este tenor.
“Sin embargo de esto y por esto mismo repito: Pasto ha contado entre sus hijos, no solo valientes, héroes, patriotas, sino filósofos, jurisconsultos, oradores, artistas y hombres eminentes, en fin, que si han muerto desconocidos talvez por modestia, no deben olvidarse, sin embargo, ni sus talentos, ni sus servicios, ni su ilustración”.
Con estas aseveraciones Tomás Hidalgo pone al descubierto la persecución, burla y rechazo de la que hemos sido víctimas los pastusos.
Ya desde comienzos de la república se nos tildó de “fanáticos y supersticiosos” y esa herencia nos ha acompañado en el transcurrir de nuestros días.
El propósito de las obras de Tomás Hidalgo era, precisamente, “que el nombre de mi Patria (Pasto) sea conocido, que los hechos de sus preclaros hijos no permanezcan ignorados, que no se sepulten en la tumba del olvido las figuras de los hombres notables que ha producido, que su belleza no sea desdeñada, que su virtud no se llame superstición, que su valor no se impute a fanatismo, que se tengan en cuenta la feracidad y la riqueza de su sue-lo/…”.
Más adelante, el mismo Hidalgo cuenta la hazaña de un jovencito llamado Manuel Ordóñez y que es el claro símbolo de nuestra raza en su papel en las luchas revolucionarias contra España. Lastimosamente estas páginas de la historia no son llevadas a las aulas escolares y nuestras juventudes crecen creyendo historias falsas que nos condenan ante el dedo de la historia.
Nada se dice de Gonzalo Rodríguez. Nada se habla de su osadía y atrevimiento en que “A dos décadas de existencia de la Villa de Pasto, ya se agazapaban las protestas a lo largo de su topografía”; y en estas pro-testas y revueltas juega un papel preponderante Don Gonzalo Rodríguez, considerado “El precursor de los precursores”, ya que en el año de 1564 organiza y planea la liberación de América en manos de los españoles. Unicamente lo venció la traición y la delación y su nombre es el reflejo que nos permite avizorar el futuro de nuestra comarca. En la Ciudad de Pasto, y como único testimonio, se levantó un busto en su honor con la siguiente inscripción:
“EN ESTA PLAZOLETA DE RUMIPAMBA,
EL DIA 24 DE MAYO DE 1564, FUE
DESCUARTIZADO EL PASTUSO
DON GONZALO RODRIGUEZ
PRECURSOR DE PRECURSORES Y
PROTOMARTIR DE LA LIBERTAD”
Guardan un clemente silencio las Academias en torno al nombre de JULIO CESAR BENAVIDES CHAMORRO, inventor del Aeromóvil, pintor, escultor, mecánico y sin lugar a dudas una de las glorias con las que ha contado el Departamento de Nariño.
Unicamente la tenacidad y disciplina del escritor Edmundo Vifredo Chaves ha permitido acercarnos a la figura prometeíca de este Miguel Angel nariñense. Este libro ha pasado casi desapercibido para las academias y, lo que es peor, para la sociedad pastense en general.
El invento de Julio César Benavides Chamorro y que según sus propias palabras “Soy ahora dueño de un INVENTO, cuyo futuro desarrollo hará una verdadera revolución no sólo en los sistemas actuales de navegación aérea, sino aún en la misma locomoción en general…”.
Condenado a las burlas y a la ofensa, Julio César Benavides Chamorro emprende un viaje a la ciudad de Bogotá donde cree encontrará la ayuda necesaria para demostrar la veracidad de sus afirmaciones.
Decepcionado y amargado decide volver a su ciudad y muere trágicamente en el sitio denominado el Pedregal. Lo curioso del asunto es que los planos se pierden y a los pocos meses aparece el helicóptero en un país lejano. Y más curioso aún resulta el hecho que el único sobreviviente del “accidente” se suicida pocos meses después y en extrañísimas circunstancias.
Nos hemos condenado, por mano propia, a las burlas y a las ofensas, y como lo dice Hidalgo, de estos grandes hombres “no deben olvidarse ni sus talentos ni sus servicios, ni su ilustración”.
Relata hidalgo que “…el jovencito pastuso Manuel Ordóñez, a los diez años de edad tomó las armas por la causa de la independencia; los españoles viéndolo tan joven, lo mandaron a Bogotá, como cocinero de un convento de Franciscanos; pero ardiendo por la libertad de la patria con el mismo cuchillo de cocina asaltó al portero, salió del convento, se afilió en el ejército libertador y fue Coronel en la gran batalla de Ayacucho. Después de esto, se trasladó a Cuenca y allí murió”.
Ese era el afán de Tomás Hidalgo: devolverle a nuestro suelo la gloria y el honor que históricamente se le ha negado.
Y para lograr su anhelo el camino más indicado era buscar una nueva independencia. El Gran Cauca no permitiría nunca que los hijos del Sur emprendan una nueva etapa de su historia y había que combatir utilizando todas las armas a quienes traspasen los límites de su poder.
Aquí hay que hacer justicia y traer a la memoria los nombres de Manuel María Rodríguez, Julián Buchely, Luciano Herrera, Gonzalo Miranda, Daniel Zarama, Justo Guerra, Adolfo Gómez y otros más que combatieron por la idea “decimista” y la dignificación del Sur.
Y junto a estos grandes hombres la joven figura de Tomás Hidalgo que jugó un papel preponderante para que este anhelo sea una realidad.
“Cuando llegó a Popayán don Tomás Hidalgo, una multitud prevenida rodeó a nuestro paisano y sin esperar nada le preguntaron: que de dónde era y a qué había venido a Popayán? Hidalgo les contestó con bizarría: “Soy pastuso y he venido a la ciudad de Pubenza a trabajar por el bien de mi patria chica y a publicar mi Historia del Sur de Colombia”.
Este testimonio, tomado de la revista Ilustración Nariñense del año de 1954 (diciembre), deja entrever lo siguiente: Tomás Hidalgo iba condenado a muerte por cuanto los habitantes de Popayán lo reciben “prevenidos” y en gesto de poca amistad. Las ideas decimistas ya se sabían en esos lares y eran rechazadas abiertamente.
Para corroborar lo anterior nos basaremos en el libro “Historia del Periodismo en Nariño” de Sergio Elías Ortiz, en él encontramos:
1894
AVELINO CORDOBA Y BRAVO
República de Colombia. – Departamento del Cauca (doble raya) CRONICA DEL SUR (adorno) publicación eventual./ Director: Avelino Córdoba y Bravo (raya) Pasto, 16 de mayo de 1894.- Número 1 (raya)
Periódico, en pequeño formato, seis páginas a do-ble columna.
La intención de todo el periódico es combatir la idea “decimista”, es decir la creación del estado del sur, hoy Departamento de Nariño, segregándose una parte de territorio al antiguo Es-tado del Cauca.
El doctor Córdoba y Bravo fue un apóstol de la idea antidecimista que contaba en el sur muy pocos partida-rios. Una de las razones alegadas por el doctor Córdoba y Bravo, para probar la inconveniencia de la creación del nuevo Estado, era la de que “Túquerres quería ser la capital del mismo Estado, si éste hubiera de crearse”.
Para corrobora lo peligroso de la idea decimista, en el mismo libro encontramos:
1893
LUCIANO HERRERA
(orlado) Los Ganzos /. del Capitolio (adorno)
Folleto- 8º, 5 páginas y tres en blanco.
Pasto, octubre de 1893.
Imprenta de Gómez hermanos.
.
Se inserta una rectificación del autor dirigida al Director de la Unidad Nacional, para defenderse de varios cargos que allí se le han hecho, entre otros el de ser interesado en revolver las provincias como patrocinador de la idea del Décimo Departamento. Al final corren dos cartas de justificación, cruzadas entre el doctor Herrera y el doctor Arístides España.
La idea decimista causó polémica en el territorio colombiano. En el Sur, las mentes más brillantes y aguerridas la impulsaron y defendieron y su vida y su lucha se encaminó a hacer realidad este sueño que, entre otras cosas, propugnaba por el reconocimiento de una cultura y una historia.
El número 18 de la Revista Ilustración Nariñense (diciembre de 1954), nos recuerda que “La lucha para nuestros mayores, no por supuesto de sangre, era descomunal; tenían que lidiar contra el Cauca Grande, no menos prestigioso, y contra todas las antipatías de los norteños de Colombia. Habían menester los nuestros de talento, de dinero y de influencias para llevar a cabo el Décimo Departamento. Talento no faltaba. Estaban en lo mejor de su prestigio intelectual Samuel Jorge Delgado, Manuel María Rodríguez, Julián Bucheli, Luciano Herrera, Tomás Hidalgo, Adolfo Gómez Latorre, Daniel Zarama, Joaquín y Angel María Guerrero (padre), Gustavo S. Guerrero, Angel Martínez Segu-ra, Justo Guerra, Juan Moncayo y varios otros que batallaban por la prensa y en los congresos por el triunfo del “Décimo Departamento”.
Como se puede apreciar lo mejor de nuestra intelectualidad estaba empeñada en sacar adelante proyecto tan descomunal. El sueño y el anhelo del Décimo Departamento. “Ta-lento no faltaba” y esto lo podemos corroborar leyendo las producciones poéticas, históricas, literarias, (cuento, ensayo, crónica) de estos padres de nuestra patria chica.
En el periódico “EL PRECURSOR”, “Organo de la Escuela Literaria de Pasto” y cuyo Director era el doctor Benigno Orbegozo y contaba como encargados de la edición y agencia general a Benjamín Guerrero y Manuel María Rodríguez, que vio la luz pública en Pasto el 1º de diciembre de 1886, encontramos suficientes testimonios que corroboran la grandeza y beligerancia de estos sureños por llevar adelante su idea decimista.
Sería muy interesante, sobre todo por las nuevas generaciones, que este periódico se reprodujera y se lo diera a conocer en escuelas, colegios y universidades de nuestro departamento. Así le estaríamos rindiendo un justo tributo de admiración a quienes con su tesón y entrega nos legaron un suelo sagrado, cuna de nuestros antepa-sados y escenario de nuestras dichas.
¿…DECIMISTAS O NOVENARIOS…?
P
ermítanme los lectores transcribir el artículo intitulado “EL CINCUENTENARIO DEL DEPARTAMENTO DE NARIÑO” aparecido en la revista Ilustración Nariñense correspondiente al mes de diciembre del año de 1954. El director de esta revista era el señor Rafael Delgado Ch. y el número tenía un valor de $ 0.30. En la carátula encontramos la estampa de don Julián Bu-cheli.
Este artículo nos da pie para tratar un asunto que hasta nuestros días es motivo de confusión.
Reiteradamente se denomina al Departamento de Nariño como el Décimo Departamento de Colombia y es curioso que en el año de 1954 como se dijo, hasta nuestros días, se siga considerando a Nariño como el número Diez en su creación.
Este hecho histórico se debe a que hasta el año de 1903 Colombia contaba con nueve departamentos, incluido Panamá. Pero como se sabe, Panamá le fue arrebatada a Colombia y el 3 de noviembre de 1903 una junta de importantes ilustres panameños declaró su independencia de Colombia. No fue sino hasta el año de 1904 cuando se dio vía libre a la creación del Departamento de Nariño. De ahí surge la confusión, por cuanto se había extendido la denominación de decimistas y lo que el pueblo bautiza las leyes no lo tumban.
Al separarse Panamá de Colombia, ésta queda conformada únicamente por ocho departamentos y a Nariño le corresponde ser el Noveno Departamento de nuestra Patria.
Este embrollo nos acompaña hasta nuestros días y es muy común el leer que “Nariño fue el Décimo Departamento del territorio Colombiano”.
Digamos más bien que Nariño es “NOVENARIO” por cuanto Nariño, el Precursor, fue devoto de “La Virgen Inmaculada”…
EL CINCUENTENARIO DEL DEPARTAMENTO DE NARIÑO
REMINISCENCIAS
E
l Departamento de Nariño ha cumplido ya el Cincuentenario de su creación por la Ley 6ª de agosto de 1904, dictada por el Congreso Nacional y sancionada por el Excelentísimo señor Presidente, don José Manuel Marro-quín.
Acontecimiento de vital importancia fue la creación del Décimo Departamento con el nombre del precursor de nuestra emancipación.
El antiguo Cauca se extendía desde el Darién hasta el Carchi y el Amazonas. Figuraban casi topográficamente un enorme lagarto con la cola de los pueblos meridionales de Colombia, y por su extensión y población decidía de los destinos de la República en el campo político y administrativo.
Si ahora mismo que los nariñenses formamos una entidad independiente poco hemos sentido, por no decir casi nada, la acción bienhechora de los gobiernos nacionales, si apenas nos tiran un confite para entretenernos como a párvulos, ¿qué beneficio en grande podían recibir nuestros mayores que formaban la cola de los administradores del Antiguo Cauca?
Sus peticiones, sus reclamos, eran voces que se perdían en el vacío, como la voz del que clama en el desierto. Por eso el Décimo Departamento fue una medida redentora y de progreso para toda la Nación, con la que se vio surgir varios departamentos que han trabajado por el engrandecimiento de Co-lombia.
La lucha para nuestros mayores, no por supuesto de sangre, era descomunal; tenían que lidiar contra el Cauca Grande, no menos prestigioso, y contra todas las antipatías de los norteños de Colombia. Habían menester los nuestros de talento, de dinero y de influencias para llevar a cabo el Décimo Departamento. Talento no faltaba. Estaban en lo mejor de su prestigio intelectual Samuel Jorge Delgado, Manuel María Rodríguez, Julián Bucheli, Luciano Herrera, Tomás Hidalgo, Adolfo Gómez Latorre, Daniel Zarama, Joaquín y Angel María Guerrero (padre), Gustavo S. Guerrero, Angel Martínez Segura, Justo Guerra, Juan Moncayo y varios otros que batallaban por la prensa y en los congresos por el triunfo del Décimo Departamento. También los ciudadanos de algunos recursos pecuniarios contribuían con su ayuda en la empresa para sostener los gastos que demandaba la avanzada intelec-tual en Pasto y Bogotá.
En general era Pasto decimista, aunque no faltaron excepciones, algunos puntos negros, no sólo en esta ciudad sino además en otras poblaciones de la patria chica, sin duda porque estaban ocupados en la cosa pública por el gobierno del Cauca.
Callamos sus nombres por no herir la sensibilidad de sus descendientes. Organizado el Departamento, el señor Bu-cheli llamó a colaborar en su Gobierno a varios de los antidecimistas y con esto se acabó la oposición.
Como se dijo, la lucha era desigual para nuestros mayores, basta recordar este episodio:
Cuando llegó a Popayán don Tomás Hidalgo, una multitud prevenida rodeó a nuestro paisano y sin esperar nada le preguntaron: que ¿de dónde era y a qué había venido a Popayán? Hidalgo les contestó con bizarría: “Soy pastuso y he venido a la Ciudad de Pubenza a trabajar por el bien de mi patria chica y a publicar mi Historia del Sur de Colombia”. Su hermano Ricardo Hidalgo, preguntado sobre la historia dijo al que le interrogaba: “Mi hermano Tomás, cier-tamente llevó a Popayán la Historia del Sur de Colombia ya concluida en siete resmas de papel oficio” y ya sabemos que esa valiosa obra desapareció y que apenas quedaron algunos fragmentos.
Por aquí puede apreciarse la lucha desigual en que estaban empeñados nuestros mayores para sacar triunfante el Décimo Departamento.
El Ilustrísimo señor Moreno, decimista de corazón, quería que la nueva entidad llevase el nombre de la Inmaculada; pero el señor Bucheli y otros patriotas que vieron que ese augusto nombre se prestaría a profanaciones, se decidieron por el nombre de Nariño, ya porque el Precursor fue devoto de la Virgen Inmaculada, y también para congraciarse con el pueblo bogotano y hallar ambiente al Nuevo Departamento.
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Los Estados Unidos ofrecieron su ayuda a Panamá y consiguieron así apoderarse de ese pedazo de América que estaba destinado a ser, según el sueño de Bolívar, la sede del Gobierno Grancolombiano.
El imperio del Norte, nuestro hermano mayor, utiliza los preceptos maquiavélicos de “divide y vencerás” para hacer de nuestros pueblos débiles y tributarios vasallos que alimentan su ambición.
En el año de 1886 y como presintiendo el destino de nuestros pueblos, Julián Bucheli traduce del francés el artículo “El embuste en los Estados Unidos” y advierte a las naciones del Sur el peligro que se cierne sobre su cabeza. Observemos lo profético del artículo y la inteligencia de los hijos del Sur para adelantarse a los hechos his-tóricos:
“El embuste es el genio de los Americanos. Han hecho de él, una verdadera ciencia, que nadie despreciaría, elevándolo hasta las más altas especulaciones de la Filosofía Práctica. Mientras los metafísicos buscan en Europa, sin provecho ninguno para su bolsa la razón de las leyes divinas; y mientras se esfuerzan los filósofos en someter al análi-sis las pasiones y sentimientos del hombre; la escuela filosófica del embuste, en la América del Norte, se contenta con estudiar a fondo la tontería humana, sus extravagancias y sus vicios, para explotarlo en provecho suyo.
“Está tan arraigado el embuste en las costumbres americanas, que ha llegado a ser el estímulo indispensable, y como el alma que anima todas las cosas, buenas o malas…”.
Nada tan categórico, contundente y acertado. Y así los caminos de la América se nutren al Norte de la Prosperidad y al Sur de la ignominia y la infelicidad.
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Para hacernos a una idea más clara de la importancia de Panamá en los destinos del planeta a comienzos del siglo, leamos en un libro de quinto de primaria las siguientes apreciaciones:
“Panamá era un departamento de Colombia, pero este departamento tenía una característica muy importante: ser el lugar de América en donde se encuentra la franja de tierra más estrecha entre el océano Atlántico y el océano Pacífico”.
“Esta circunstancia hacía que otros países lo miraran con codicia, puesto que se constituía en un punto clave de dominio, político y militar”.
“Los colombianos de la época eran conscientes de la posibilidad de abrir un canal que uniera los dos océanos y, en 1878, ya se había realizado un intento que fracasó por diversos motivos. A partir de entonces el gobierno colombiano inició negociaciones con Estados Unidos para que este país ayudara a financiar la construcción del canal”.
“La obra del canal estaba completamente suspendida cuando estalló la guerra de los Mil Días.”
“Una vez terminada la misma y encontrándose el país en una situación lamentable, el gobierno de Estados Unidos presentó al de Colombia una propuesta sobre el control del canal completamente desventajosa, la cual, como era de espe-rarse, no fue aceptada”.
“Frente a ese rechazo el gobierno estadounidense invitó a la clase dominante panameña a que se independizara de Colombia, ofreciéndole su respaldo militar”.
“Ante esta situación nuestro país no pudo hacer nada y el 3 de noviembre de 1903 una junta de notables panameños proclamó su independencia”.
Y como una ratificación histórica podemos decir que esa alma de embuste que anima al país del Norte, contribuyó para que en Colombia "animada de todas las cosas, buenas o malas…” se declarara una guerra interna que “dejó más de 70.000 muertos, una cifra altísima para una población total de sólo 400.000 personas”. (¡!).
EL POLEMISTA
I
ndudablemente Tomás Hidalgo Calvache fue un gran polemista. Su obra “Pasto Antiguo y Moderno ante Colombia” iba dirigida, en primera instancia, a combatir la historia misma. Es sabido que sobre los hombros de los pastusos recae un gran peso histórico que nos ha hecho víctimas de toda clase de improperios y maquinaciones.
Pues bien, Tomás Hidalgo pretendía dar a conocer la vida y obra de eminentes personajes del Sur condenados al olvido y la indiferencia de la nación. El mismo Hidalgo expresa sus pretensiones: “deseo que el nombre de mi Patria sea conocido, que los hechos de sus preclaros hijos no permanezcan ignorados, que no se sepulten en la tumba del olvido las figuras de los hombres notables que ha producido, que su belleza no sea desdeñada, que su virtud no se llame superstición, que su valor no se impute a fanatismo, que se tengan en cuenta la feracidad y la riqueza de su suelo…”.
En el libro “Este día en San Juan de Pasto y en Nariño”, encontramos que en fecha de 1890, es decir cuando Tomás Hidalgo contaba con tan solo 23 años, “apareció en Pasto la preciosa obra del historiador Tomás Hidalgo: “Pasto antiguo y moderno – Reseña histórica y filológica”. Obra que a pesar de nuestros esfuerzos y pesquisas no hemos encontrado. Esperamos que esta reseña esté en manos de alguien consciente de su valía y nos permita conocerla y conocer en más detalle la obra de Tomás Hidalgo.
En el año de 1894 “En Ipiales fue suscrito por el malogrado historiador pastuso Tomás Hidalgo, su ensayo sobre la magnífica obra del arzobispo de Quito Federico González Suárez: “Historia General de la República del Ecuador”.
“Este juicio Crítico de Hidalgo, causó admiración dada la juventud de su autor (27 años) que en él manifiesta: “Total dominio en las materias objeto de su estudio, copiosa ilustración, acierto en sus juicios, ponderado en sus expresiones, rico en el lenguaje y correcto en el estilo”.
En Ipiales en fecha 20 de febrero de 1894 y en la Tipografía de A. Santander, a cargo de Elías A. Villarreal, Tomás Hidalgo da a luz pública un pequeño folleto de once páginas y en el cual “Se refiere al autor para combatirla, a una publicación hecha por el señor Rosendo Mora y R. con el título de: La protesta del 18 de enero”.
Confesamos desconocer dicho folleto y que esa razón nos impide comentar con mayor precisión la polémica suscitada en Ipiales en el Colegio de San Luis Gonzaga dirigido por el criticado señor Rosendo Mora y R.
Lo cierto del asunto es que a raíz de un pronunciamiento del señor Rosendo Mora y R. se desata una persecución en su contra y lo condena a refugiarse en la vecina república del Ecuador hasta donde llega la furia clerical. En este asunto toma partido el mismo Federico González Suárez y condena las persecuciones y acusaciones que él encuentra sin fundamento.
Ignacio Rodríguez Guerrero, en sus estudios históricos, nos da luces sobre el asunto en cuestión:
“Ese benemérito ciudadano, apóstol de la educación popular, había fundado en Ipiales, hacia 1891, un colegio de fama, en cuyas aulas encontraron discreto hogar espiritual no pocos alumnos de la juventud colombo-ecuatoriana de entonces. Un discurso del Rector del Plantel, acerca de la nebulosa de La Place y del experimento de Platteau, fue suficiente para que la autoridad eclesiástica de Colombia fulminase excomunión contra aquél. Perse-guido en su propia patria, el doctor Mora buscó refugio en Tulcán, en donde, sin renegar de sus ideas políticas ni de su nacionalidad colombiana, recibió el encargo de dirigir el colegio de Bolívar de esa ciudad, por determinación de Alfaro. Saberlo el señor Moreno Díaz y lanzar excomunión contra el educador colombiano y contra los padres de familia que enviasen sus hijos al colegio de aquél, todo fue uno, sin parar mientes en la intromisión indebida que así realizaban en diócesis de ajena jurisdicción.
Pero la viril protesta de González Suárez no se hizo esperar. ¿Hubiera callado en ocasión semejante quien tuvo de su parte la justicia y quien en su vida a nadie temió?
Cuál fuese la sinceridad de su conducta nos lo dice el propio prelado, cuando en carta a don Abelardo Moncayo, escrita en Ibarra el 30 de abril de 1899, expresó: “Por nuevos datos muy seguros que me han venido de Quito me confirmo en la convicción de que el Ilustrísimo y Reverendísimo Sr. Arzobis-po y los eclesiásticos de Quito están en comunicación con los de Pasto, para apoyar y favorecer al Ilustrísimo Moreno en la campaña que este señor tiene abierta contra el Colegio de Tulcán…”, y para entender el valor y sentido de justicia de Federico González Suárez, nos permitimos transcribir sus palabras: “Si hubiera justicia en la guerra que se hace al señor Moreno, yo lo habría perseguido también…”.
Este historiador y Obispo Ecuatoriano tenía muy en alto su valer, razón que nos hace admirar aún más la figura de Tomás Hidalgo cuando a sus 27 años se atreve a polemizar la obra de tan ilustre hijo de América.
A Federico González Suárez quiso obligárselo a tomar partido favorable a Moreno Díaz, pero muy arrogante y justo, responde:
“De Roma -dice- se me mandaba una cosa indecorosa: ¿Cómo podía yo obedecerla, sin representar primero al Papa los motivos que tenía para no poder ejecutar lo que se me mandaba?….. Contesté, pues, que no podía hacer la publicación que se me exigía, expuse las razones de mi negativa y que si tal publicación era requisito para mi obispado, que renunciaba la mitra, y que me comprometía a hacer que el Presidente de la República retirara mi representación. Primero me habrían quemado vivo, antes de cometer una acción indigna: y ¿para qué?…… ¡Para ceñirme una mitra!.”.
Ejemplo de hidalguía, valor y honor. Ejemplo a seguir en estos tiempos utilitaristas donde se venden los más caros honores por unas simples lisonjas humanas. Federico González Suárez fue combatido duramente por sus hermanos ecuatorianos y Americanos al punto que “La aparición de los primeros tres tomos de la Historia General del Ecuador fue recibida con estudiada indiferencia haciéndose en torno de ella la conspiración del silencio y la guerra del vacío…”.
Pero para un hombre de inteligencia superior y de coraje al de sus contemporáneos ese silencio y esa indiferencia no podían ser motivo de ven-cimiento o fracaso. El sabía que el hombre de valía tiene que morir en esta vida varias veces.
Como nos alegra saber que pese a la juventud y pobreza de Tomás Hidalgo, el sabio americanista González Suárez tuviera en alto sus conceptos y recibiera con humildad los juicios críticos a su obra.
Es indudable que la pluma y la presencia de Tomás Hidalgo jugaron un papel de primerísimo orden en la historia regional de fines del siglo pasado.
Aquí recogemos las palabras de Arístides Gutiérrez en su “Historia de la Congregación de S. Felipe Neri”: “Queda para el biógrafo de Tomás la tarea de señalar los diversos rumbos que aquél tomó en su carrera civil, científica y literaria; los grandes triunfos que obtuvo en las lides históricas y científicas, y a la vez admirar la fortaleza y resignación suyas en soportar los rigores de una pobreza franciscana, sin tener el menor auxilio ni apoyo en sus largas y penosas tareas literarias…”.
Lo poco que hemos contribuido para dar a conocer la trayectoria de Tomás Hidalgo es apenas un punto de partida para el futuro investigador.
La lucha por la vida diaria nos roba la posibilidad de visitar y escarbar en los sitios donde Tomás Hidalgo desarrolló su existencia.
Cómo quisiéramos disponer del tiempo y de los recursos que nos permitieran escribir una historia extensa y detallada. Nuestro pequeño aporte significa tan solo el ascenso de un pequeño peldaño en la vida y obra de este ilustre hijo del Sur.
UN AMIGO DEL SABIO TOMAS
E
n el mes y en el día correspondiente a sep-tiembre 18 de 1867 (“Este día en San Juan de Pasto y en Nariño”) encontramos un apunte que nos llamó profundamente la atención; la historia, juez sereno e imparcial, distribuye a cada uno lo que en realidad le corresponde. Los más atroces crímenes y las más ocultas virtudes salen a flote ante la mirada serena de esta diosa.
Tomás hidalgo, empecinado en devolverle el honor y la dignidad a su patria chica, debió soportar una pobreza y miseria digna de un asceta, un santo un sabio o un loco…
Bien es sabido que su pobreza fue la de un sabio de profundas convicciones y que en múltiples oportunidades imploró la ayuda de sus contemporáneos encontrando únicamente “el silencio y el vacío”.
Por eso es digno de rescatar para la historia el gesto del Dr. Juan Clímaco Burbano “a quien debió Hidalgo el no morir de hambre”.
Baste recordar que el Dr. Juan Clímaco Burbano fue un prestantísimo ciudadano Ipialista y que le correspondió el honor de ser el Gobernador del efímero Departamento de Ipiales, creado por la Ley 1ª del 5 de agosto de 1908. El Dr. Burbano tomó posesión de su cargo en la Iglesia Matriz de Ipiales y ante el Concejo Munici-pal.
En el año de 1888, como lo relata el sacerdote Jaime Alvarez, “En Ipiales se inauguró el servicio telegráfico entre Colombia y Ecuador. En el Puente de Rumichaca hubo un festivo encuentro entre colombianos y ecuatorianos. En recuerdo del acontecimiento los dos países hicieron fabricar dos manos de plata entrelazadas, de tamaño natural y con el nombre de la República respectiva. En la unión de la línea telegráfica colocaron las dos manos. La original idea fue del Dr. Juan Clímaco Burbano, entonces Cónsul de Colombia en Tulcán…!.
Este benemérito ciudadano fue un hombre de grandes quilates y de un hondo sentido moral. Fue amigo personal del entonces presidente de la República de Colombia M
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