ante "la ultima tentacion de Cristo"
Kart Rahner solía decir que, si pudiéramos abrir las cabezas de los creyentes, para ver como creen en realidad, hallaríamos que muchos de ellos tienen una fe en Cristo inconscientemente monofisita. Es decir: una fe en la que la divinidad de Jesús se come a su humanidad, o le hace sombra.
¿Por qué y como suele producirse ese deslizamiento inconciente? Probablemente se produce porque queremos pensar en Jesús, partiendo de su divinidad.
El inconveniente de partir de la divinidad de Jesús reside en que Dios es para nosotros un concepto omniabarcante. Por eso, una vez establecido que Jesús es Dios, hay que devanarse mucho los sesos para ver como se encuentra algún espacio para que también sea hombre. Y debemos reconocer que es muy difícil encontrar tal espacio en plenitud. A lo más se le pondrá a ese Dios algún envoltorio o algunas pegatinas, tomados de nuestro ser humano.
Una reacción desordenada contra este estado de cosas se refleja en la frecuencia con que surgen dos preguntas en casi todos los diálogos y charlas sobre la ignorancia de Jesús. La ignorancia es muy irremediablemente nuestra limitación, incluyendo en ella una cierta ignorancia sobre nosotros mismos. ¡Sin una dosis de ignorancia no hay vida humana ni decisión humana posibles! Pero si Dios lo sabe absolutamente todo, y Jesús por eso mismo- lo sabia absolutamente todo, entonces el ser humano de Jesús no puede ser como el nuestro, ni hay posibilidades para una trayectoria verdaderamente humana en Jesús,
La otra es la pregunta por la sexualidad de Jesús. En realidad se trata ahí de una pregunta más amplia por la tentación en Jesús. El Nuevo Testamento es tajante al afirmar que Jesús fue tentado en todo como nosotros menos en el pecado. Esta frase, sin embargo, no nos autoriza a imaginar la tentación concreta de Jesús a partir de las tentaciones particulares de cada uno de nosotros. Pues en la tentación de cada hombre concreto intervienen, además de su condición humana, su temperamento y la historia particular de su libertad. Así, por ejemplo, la tentación del alcohol no será la misma en una persona sana que en un alcohólico. Pero ello no significa que este sea más hombre que aquel: pues lo peculiar de su tentación proviene, más que de su condición humana, de la situación infrahumana en que el o las circunstancia le han colocado.
Cabe añadir además que, al concretar la pregunta por la tentación de Jesús, en la sexualidad, el hombre moderno esta reconociendo implícitamente hasta que punto su sexualidad es para el un problema, y no acaba de saber que hacer con ella: si se decide a llamar a la cosas por su nombre, y reconoce lo injusto, lo desordenado, lo agresivo o lo egoísta de su sexualidad, entonces se asusta porque se siente condenado, y llamado a una auto limitación imposible para salir de esa condena. Pero si, por el contrario, pacta con su sexualidad y la canoniza tal cual, entra en un círculo engañoso que acaba llevándole a la frustración o a la banalidad. O dicho de manera más grafica y más nuestra: si mala era la represión sexual de los hijos del franquismo, mala es también la frustración y dependencia sexual de los hijos de Milan Kundera [léase p. ej. La Broma si no entiende lo que estoy queriendo decir]. Este problema se agudiza además vegetan sin ninguna mística para la que vivir.
Ambos razonamientos nos hacen ver hasta que punto pueden haber una inconsciente proyección de la propia psicología en la manera concreta como se colorea la pregunta por la tentación de Jesús. Por eso, una cierta sobriedad imaginativa es muy recomendable en este punto. Pero, una vez hecha esta aclaración, hay que volver a subrayar que el tema de la tentación de Jesús es absolutamente cristo lógico, y esta presente en estratos muy diversos del Nuevo Testamento (evangelios, Carta a los Hebreos etc.).
Y tras esta digresión, volamos a nuestra reflexión sobre la divinidad y la humanidad de Jesús.
Decíamos que es muy peligroso enfrentarse con Jesús partiendo de su divinidad. Los Apóstoles habían procedido exactamente al revés: llegaron a confesar que Jesús era el Hijo de Dios, a partir del encuentro humano con el, y de la experiencia de que Jesús había sido un hombre como ellos. Experiencia que, en su tiempo, era todavía palpable y no admitía ni sombra de duda por lo reciente.
Lo desconcertante para los Apóstoles no son pues la ignorancia o la tentación en Jesús.
Lo incomprensible era como con esas dos manos, tan semejantes a las nuestras, Jesús había hecho de si mismo un instrumento incondicional de Amor, y había pasado su vida haciendo bien y ayudando a los que estaban mal (Hchs 10,38). Y como ese Amor y esa Bondad que Jesús parecía transparentar sin empañarlas, habían acabado produciendo la total desautorización de Jesús por los hombres: unos por blasfemo, otros por agitador político y otros por loco, todos acabaron echándole fuera. El motivo podía cambiar, pero el veredicto había sido el mismo.
A partir de ahí, y tras la experiencia de su Resurrección, los Apóstoles fueron entendiendo no solo que Jesús era Dios, sino también que Dios es Amor, y no Poder o Fuerza o Perfección cerrada sobre si misma y celosa de si misma. Si Dios era así, podía quizás estar unido a Jesús no ahogándole o invadiendo su ser humano, sino al revés: abriéndole espacio y posibilidades de humanidad. O en todo caso (así se atrevió a decirlo el Nuevo Testamento) negándose a Si mismo o vaciándose de su modo divino de ser, al asumir la figura de la esclavitud humana (cf. Filipenses 2,6ss), o de la carne de pecado (cf. Rom 8,3). Pero comprender esto a fondo llevaba a afirmar que Jesús era Dios no solo además de su ser hombre y por encima de su ser hombre, como si fuera una especie de monstruo con dos cabezas, cada una de las cuales puede verse independientemente de la otra. Dios estaba más bien en el mismo ser hombre de Jesús. Pero no el Dios poder que convertiría a Jesús en una especie de superman, sino el Dios Amor que hacia de Jesús el hombre bueno del todo como el Padre (cf. Mt 5,48). Quizás por esto, el titulo que mas veces aparece en los evangelios en labios de Jesús, es el de El Hombre (en traducción literal: Hijo del Hombre), que le señala solo como hombre, pero que expresa su divinidad al escribir ese ser hombre con mayúscula y con articulo determinado.
Es verdad que este modo de ver no puede expresarse correctamente con palabras abstractas. Si hablamos de divinidad y humanidad estamos manejando ya términos falsos, y será un falso problema el preguntarse como se armonizan entre si mismos términos falsos. Pues la divinidad es una palabra sin sentido, ya que Dios no puede ser metido en un concepto abstracto, como hacemos los hombres cuando componemos la palabra humanidad. En este sentido, aquella formula clásica de los viejos catecismos (una persona en dos naturalezas), aunque es muy valida en su contexto histórico y como alternativa a las formulas que presentaban entonces las partes en litigio, es sumamente peligrosa hoy, cuando solo se la aprende memoristicamente y se le repite mecánicamente. Pues al decir: una sola persona que es divina pensamos sin querer que Jesús no era persona humana y, con ello, falseamos su humanidad. Y al decir: dos naturalezas divina y humana, imaginamos dos componentes del mismo orden y, por tanto, igualmente accesibles los dos. Es como si dijéramos: un solo tronco que sostiene dos frutos, manzana y pera.
Implícitamente estamos suponiendo que ambos tienen que ser visibles por si mismos, si nos acercamos al árbol. Por esta razón, algunos de los que se oponían a esta formula de la una persona y dos naturalezas (allá por el s. V), proponían como alternativa esta otra: una única naturaleza de la Palabra de Dios, humanizada. Esta formula podría de hecho haber sido bien entendida. Pero en la práctica, derivo casi siempre en un olvido de la palabra.
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Escrito por:
Rina
21/04/08 07:44
Te confieso que tuve que leer tu texto dos veces, para comprender a profundidad el significado de tus letras.
Al no creer en Dios, se me hace un poco dificil imaginar a Jesus como "ser divino". Muchas veces lo he escuchado, y me refiero a decir que Jesus solo fue Dios, pero ya no humano, son opiniones que facilitan a las personas la menara de verlo.
Y esta ademas el asunto de las tentaciones, por supuesto...yo veo a Jesus como solo un hombre, que como todos fue "tentado". Ahora, respeto a quien difiera de mi, no es mi intencion causar polemica o nada por el estilo, es solo mi punto de vista.
Interesante amigo
Te sigo
Besos
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