EN ESTA PRIMAVERA

 Y florecerá otro septiembre... y otro. Y quizás muchos más ¿Quíén puede predecirlo? Lo único real es que estoy aquí sentada escribiendo un canto triste. Lo demás, lo que sucederá en cinco minutos nadie lo sabe.
 Aprendí que sólo se está seguro del pasado porque es inamovible, y del momento, de nada más.
 Tantas veces decimos, hubiera dicho esto, hubiera hecho aquello... Pero interiormente sabemos que esos deseos regresivos son solamente fantasías. Lo sucedido no cambia, lo que vendrá  no se  conoce.
Y si florecieran muchas primaveras  más, si la vida nos da fuerzas para continuar, y llorar, y reír, y gozar, y sufrir, y tal vez perdonar o esconder el rencor, y dar el corazón, y perder la ilusión, y dañar sin querer, y amar sin condición, y odiar sin razón o con ella. Qué más da. Que pequeñez ínfima puede ser un hombre frente a tamaño infinito. Qué estúpida parece una pena humana frente a un mundo golpeado, sufrido, doliente. Y, sin embargo, nuestra pena es lo que importa. Y aunque veamos más dolor y miseria a nuestro alrededor nos duele lo propio.
 Frecuentemente nos dicen: Pensá en tu amigo, el problema que sufre, eso es grave. Y nuestro pequeño dolor se vuelve chiquito y vergonzoso, pero por un instante solamente, enseguida se convierte en gigante y nos abruma e inmediatamente olvidamos el dolor ajeno  ¿Por qué? Porque es de otro, así de simple. Es grande, es cruel, es mísero, pero no nos pertenece. Nos llega, nos conmueve, pero no es nuestro dolor. Lo sentimos de refilón, no en lo profundo donde se instala nuestra llaga. Lo mismo con la alegría, alguien nos cuenta algo gratificante que le ha sucedido, nos alegramos, en mi diccionario la palabra envidia no existe, nos hace dichosos su dicha, su logro. Pero cuando la dicha es nuestra, no vecina, ahí existe verdaderamente, y del mismo modo que con el dolor, aunque sean contrapuestos, tal vez sintamos un pasajero pudor, pero al instante lo olvidamos y gozamos plenamente ese don que se nos brinda.
 Pero en este septiembre la pena me embarga, en esta primavera mi alma está en invierno, duermen mis sentidos, mis fibras no pueden vibrar, mi fe se resquebraja, mi edificio tambalea y me siento perdida en un laberinto oscuro y triste, colmado de recovecos insospechados y tortuosos que me pierden en sus vueltas. Y quiero salir, y quiero gritar, ver la luz, quiero amanecer. Sentir el goce de un beso furtivo, quemar mi piel en un sol de enero, lavar mis culpas en un arroyo cristalino, tenderme en la arena y sentirme libre, libre de esta tristeza viejita y cansada que quiere rejuvenecer en un día claro, diáfano, sin lluvias, sin nubes, sin tormentosos rayos que oscurezcan mi tiempo. Y lucharé con mis armas aunque ya queden poquísimas municiones, tratando de levantar los brazos aunque éstos quieran caer sin poder sostenerse. Y me aferraré a la baranda para no resbalar, y recorreré el camino del olvido aunque en ello se pierdan los dulces recuerdos, es necesario no rememorar lo poco que tuve, y miraré hacia el futuro, quizás pueda conseguirlo...
 Pero aunque renazca, aunque pueda nuevamente escuchar mi risa franca sin que parezca una mueca absurda, aunque pueda ejercer otra vez en paz este duro oficio de vivir, aunque venza al enemigo molesto, aunque triunfe y recupere las fuerzas ¡Nunca, nunca podré olvidarte!

 



+ Regístrarte y comentar este blog
Escrito por: jmrousell       08/11/07 15:35
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Bello y contundente.
Páginas: 1

mariazul11

Lili Frezza
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar poemas