


Este cuento corto lo escribí hace bastante tiempo, cuando tenía unos trece años más o menos, pero ahora que lo encontré quiero compartirlo con ustedes y dedicárselo a una poetisa y amiga de la que me acuerdo mucho, porque me ha transmitido con sus letras y sinceridad como persona, unos sentimientos extraordinarios; el ánimo que justo necesitaba mi alma para seguir en este planeta, buscando la luz
Para ti con todo mi cariño, Poesíacarnívora.
Todo comenzó en un tiempo indefinido, lejos, muy lejos de lo que ahora se conoce como planeta Tierra Se formó un pequeño lugar compuesto por las ideas que hacían mover a su Creador y una receta de masas galácticas en trocitos, batidos con los residuos de los mejores cometas; allí cada acontecimiento era bastante especial. El atardecer lucía un radiante color violeta, y la naturaleza era poseedora de ilimitados recursos: Agua dulce y roja, montañas de burbujas azules y praderas cubiertas de mariposas naranja.
Sus habitantes no eran aparentemente muy cuerdos, jugaban a inventarse nuevos cuerpos; entonces es posible que convivieran criaturas de formas increíbles. Sus hogares eran las flores, los lagos de miel, los troncos antiguos y tanto las rocas como los cristales agujereados; aquellas entidades traviesas se distinguían por la gracia única de sus rostros y la alta costura de sus trajes. La mayoría, tenía la nariz larga, las piernas cortas y el cuello encogido; las alas jamás estaban de sobra, y claro está, existían varias comunidades ordenadas por jerarquías entre iguales. Algunos tenían enormes aletas, y otros plumas doradas u hocicos rosa. Cabe mencionar, que en ese carismático mundo, el tamaño no era de gran importancia, pues todos compartían la magia de llevar dentro un gran corazón.
Un día, según me cuentan las vocecitas de mi imaginación, al amanecer en la puertecilla de entrada al bosque de los sentidos, apareció de las profundidades tornasoladas Antora, algo así como un intento primitivo y fascinante de mujer; sus cabellos eran de fibras celestiales, su cuerpo tan transparente que alcanzaba lo fantasmal y tenía unos ojos verdes que nunca antes se habían visto en la región.
No cabía duda de que aquella hermosa criatura había surgido para cambiar la historia del lugar, y llevar a sus integrantes a conocer las maravillas de diversos mundos. Cuando este personaje contempló que uno de sus reflejos se desprendía al exterior de su nave circular en ruinas, quiso presentarse ante la población; así que fue volando a la rama más alta del viejo sauce central, donde todos se reunían para tratar asuntos de interés común. La primera reacción fue de pánico al no saberse dato alguno de su procedencia, pero luego adquirió un puesto exclusivo en el fondo sagrado de cada una de esas almas, que en general irradiaban bondad y tolerancia.
Poco a poco, se familiarizó con el ambiente y fue convirtiéndose en su musa reina, en una guía espiritual; aunque su carácter tímido, tal vez su eterna humildad, la condujera a pensar que tan solo era una expresión más de aquel dominante cosmos, pues también había venido a seguir su aprendizaje.
Las noches transcurrieron a veces rápidas, a veces lentas, muy bien armonizadas con una música alegre Comprendiendo las sencillas señales que Antora a cada uno le escribía o tarareaba telepáticamente, los seres fantásticos, incluso los que siempre habían creído que esto era una práctica engañosa de la hechicería, que atraía las energías débiles de la muerte, lograron construir un extenso túnel desde la octava vía láctea hasta el otro extremo del universo. A través de éste, impulsados por la fuerza interior y la libertad de su salvadora, diariamente visitaron las casas de los niños gigantes y de este modo, demostraron con la dignidad del caso, que su existencia era verdadera.
Repartieron a los elegidos acertijos y secretos, y cumplieron sus deseos, llenándolos de gratitud y extraños obsequios que sólo podían descender de una fiel creencia en los cuentos de hadas. Como habrán de sospechar, los niños más sensibles a sus encantos fueron éstos que crecieron rodeados de muchos privilegios; creando vidas con una inspiración de otra realidad, viendo lo invisible y soñando despiertos con el bello embrujo de Antora.
Aún se espera que los duendes les enseñen a estas personas cuál es la manera de compartir con el resto de su especie, su peculiar poder que va más allá de lo tangible, ese que insiste cuando están a solas, que no se rindan y confíen en entender de cerca la sabiduría y el comportamiento pacífico de otras sociedades; el contacto directo con el amor y todas nuestras ilusiones.


