En comparación con años anteriores, en la Argentina los índices de desocupación
descienden. Pero eso es tan cierto como que se transita una realidad paralela e
ineludible: desde el Ministerio de Trabajo arrojan que el 20% de los jóvenes
entre 14 y 24 años (alrededor de 1,2 millón) no estudia ni trabaja (la mayoría
tampoco busca empleo).
En Europa, este grupo fue definido como la
Generación Ni-Ni. ¿Qué quiere decir ello? Estamos ante una generación de
jóvenes pasiva, desilusionada y sin motivaciones por el futuro, grafica Eduardo
Cazenave, profesor de Filosofía, rector general del colegio San Juan el
Precursor de Argentina y profesional de la Fundación Proyecto Padres. Fueron
beneficiados y nacieron con increíbles adelantos tecnológicos y con un
desarrollo de los medios de comunicación como no existió épocas atrás. Sin
dedicación, tuvieron mucho a su alcance: conocieron lugares y contactaron gente
sin viajar. No encuentran modelos a los cuales seguir ni desafíos para
alcanzar.
Problema Global
Analicemos América
Latina toda. Cuatro de cada diez latinoamericanos son jóvenes. Y según el
economista Bernardo Kliksberg, éstos son decisivos para la democracia, el
progreso tecnológico y la calidad de la sociedad. Es decir, son la esperanza. En
su artículo La juventud excluida denuncia que sólo el 34,5% termina el
secundario (básico para ingresar en la economía laboral), y que el 80% de los
hijos de padres que no completaron la primaria, tampoco la finalizan.
Esto
desemboca en que más de 50 millones de jóvenes latinoamericanos están fuera del
sistema educativo y del mercado de trabajo.
Más allá de la
deserción escolar o de la imposibilidad de acceder a un empleo, el dilema de la
desmotivación juvenil preocupa y responde a diversos factores. Hay una falta de
modelos de adultos atractivos capaces de marcar un rumbo que los entusiasme y
los saque de la apatía expone Cazenave. Adultos que, sin confundirse con
ellos, entiendan sus códigos y sintonicen su frecuencia. Se perdieron las
certezas para vivir, y no supimos entender las crisis como oportunidades. El
desinterés por el trabajo es consecuencia de que el esfuerzo no está de moda. El
trabajo es una bendición, una capacidad del hombre de perfeccionarse a sí mismo,
a su sociedad y al mundo que lo rodea. Pero también implica sacrificarse,
capacitarse, superarse, actuar en equipo, trazar planes, ponerse metas y
objetivos. Parece demasiado para una generación que no quiere salir de la
comodidad de que todo esté al alcance de su mano, o del control
remoto.
De Gustos y
PlazosConsumistas, rebeldes, que sólo piensan
en el presente, prácticos, apáticos, idealistas, escépticos, responsables,
tolerantes y maduros. ¿Así se catalogan los jóvenes argentinos de entre 18 y 29
años? Al menos, así lo muestra el estudio Indice de la Juventud, desarrollado
por la Fundación Odiseo y la revista Plan V.
Entre
sus esparcimientos, el 58% utiliza YouTube, fotologs, blogs y Messenger, entre
las nuevas tecnologías de comunicación. Un 28% no las usa, y un 10% ni las
conoce. A su vez, el 22% baja música o películas gratis de
Internet.
"La cultura de mercado los induce a sobregirarse en
algo que es natural en ellos: el deseo de sentir pasión define Miguel Espeche,
licenciado en Psicología y coordinador general del Programa de Salud Mental
Barrial del Hospital Pirovano de Argentina. Sin embargo, al no poder organizar
esa pasión dentro del contexto vocacional, laboral y económico (se los hace
desear cosas, pero no se les brindan los medios para conseguirlas), y al estar
bombardeados con imágenes de éxitos logrados sin esmero, el panorama se hace
difícil".
¿Hay salida?Kliksberg encuentra la
respuesta en el articulado de sólidas políticas de Estado, el fortalecimiento de
las propuestas de educación para desertores y el hecho de asegurar el primer
empleo. No se trata sólo de prevenir, sino de incluir, crear
puentes.
Otra de las claves radica en resignificar el papel de la familia
y los educadores. Para Cazenave se necesita reforzar las figuras de autoridad.
Es importante enseñarles a alcanzar las metas por ellos mismos, aunque eso
duela. Los padres deben ser modelos atractivos para sus hijos.
Los jóvenes constituyen una problemática que
involucra a nuestra cultura como un todo; grandes y chicos sufren las
distorsiones de la pérdida de valores comunitarios que ofrecen sentido a la
vida. Generalmente, tanto unos como otros responden de manera muy positiva
cuando encuentran un lugar en donde actuar protagónicamente su propia vida, sin
creer que la felicidad vendrá a través del mero consumo, la dádiva de algún
poderoso o el ganarse la lotería.