PERSPECTIVAS Y HORIZONTES EN LA POESIA DE ROBERTO ADAMES

Por Cándido Gerón

          Lo admirable en la poesía de este joven poeta constancero esta  en su estilo muy original y el acertijo borgiano  que acusan muchas de sus imagines.  Todo símbolo en su poética deriva en una actitud intelectual  de sólidos y amplios horizontes.

 

          Lo sintagmático en muchos de sus poemas agrega valor singularísimo a sus expresiones y explica el carácter estructural en que se sostienen.  De ahí que, toda síntesis o núcleo o sintaxis en su quehacer poético, tenga una poderosa intensidad y esto permite que el ámbito expresivo se identifique con la precisión y el conocimiento del oficio.

          Lo que el universal Jorge Luís Borges denominó  “El enigma de la poesía”,  cobra mucho sentido en las imagines poéticas de Roberto Adames, porque además de producir una pasión y un placer, revela la perplejidad del misterio y del adecuado lenguaje.

          La poesía  de Roberto Adames me emociona poderosamente (valga el adjetivo) por la experiencia nueva que revela.  El acto de la memoria y la belleza de sus símbolos es un hecho evidente y aun más:  se trata de una obstinación del poeta por conquistar los territorios del inconsciente, esos laberintos que sirven para designar lo emblemático de la vida o, talvez, lo opuesto a ello es, en cualquier caso, o desde varios ángulos, la singular esfera del tiempo, donde el poeta, al igual que un Salvador Dalí, recrea el modo de ver y sentir el mundo de la gravedad existencial y de los objetos.

          Así es que, la creación poética en Adames, presta atención al yo sublimar y a los ámbitos donde la memoria, evidentemente, concuerda con el sentido de lo enigmático. Veamos algunos ejemplos:

“¿Cómo has podido tú / Tatuar la edad de lo eterno? ¿Dónde has podido mirar un paisaje sin imagines?/ Quizás / Entre secretas ciudades inmortales/ Robas color a la memoria/ Descifrando sin penumbras cárceles/ O es que al poblar de tenues nostalgias el recuerdo/ Algo derrotó la razón / Y sin injurias ni yerros/ Inconcebibles melodías abren estos lienzos en vago espejo del ser/ Como quien canta insinuaciones/ Claves que el ojo ignora/ Ese vulgar ojo negro.

          Pero también, el poeta alude a un yo íntimo que acusa e interroga, que se desvanece ante lo imposible o que parece opuesto a cualquier definición sobre el tiempo o que administra el lenguaje para que la poesía sea algo extraño o por descubrir.   Desde esa atalaya, Adames consigue logros muy notables pero siempre sobre la base de la historia más íntima y desterrada del hombre.  Y de esa manera también le da el peso debido a su creación poética; la hace más intrincada y catalizadora de los elementos más dramáticos de la vida.  Pero conviene destacar, además de eso, la sensibilidad exquisita del poeta, la cual  le imprime un alto valor emocional a sus poemas y gran plasticidad a sus imágenes.

          De hecho, en el poema “Partículas Fugaces II”, observamos no solo ese ritmo humano sino también unas misteriosas resonancias metafísicas. Hasta donde sabemos, Roberto Adames siente pasión por la poesía de Borges, pero la suya, tiene unos registros muy distintos, aunque ambos traten el problema del tiempo, de la historia del hombre, de la metafísica, de la memoria, de la filosofía y el mito emblemático. Veamos un segundo ejemplo:   

“No quiero confiar en lo que fundas/ Basta con sentir esa realidad irreal/ Limpia de voces fatigadas/ Basta con sentirla pura en el reloj/ Sin horas de Dalí/ Basta con sentir el arcoiris que desvainas/ Cuando inauguras pezones y formas desprovistas de vértigo”.

Sus versos entrañan un desconocido desdoblamiento, sensoriales emociones y retablos espirituales que dan señorío a su creación poética. La perspectiva del sujeto, en este caso, la del poeta, es aquella que está en estrecha relación con las cosas más humanas. Su poesía esta intrincada al verso de tensión: “El fluir del tiempo en medio de la noche”. Porque de eso se trata la poética de Roberto Adames, de un fluir constante que a veces se transfigura en pesadilla o fugitivo espejismo. Veamos un tercer ejemplo:

“Quiero desgranar/ Este grito en mi alba/ Extenderlo desde el insular humo que perforo/ Hasta la resignada permanencia/ Ignorar porque estoy atado a mi lecho/  Y al fatigado pedazo de cuerpo-aliento/  Quiero embriagar/ De delirios mi estatua/ Comenzar a evadir el nombre de las cosas que pierdo/ Y ser/ Sólo yo y tú/ Y mi resonancia/ Amasar en mi canto el horror vacui/ Que teje y desteje mis insomnios/ Y el sacro hado vacío que inmóvil me derrota/ Quiero inventar/ Un racimo de cifras indescifrables/ Ser inmune al llanto de mi último llanto/ Y a ese acertijo de nieblas que reposa en lo nunca/ Quiero esculpir signos de deseo/ Renunciar a todas las cosas/ De la misma manera y con el mismo impulso/ Que estas cosas han renunciado a mí”.

El poeta Adames, se afirma también en la incertidumbre, en la duda y la resignación, atributos que hacen de su poesía una metafísica del signo, del sueño y de lo irreal. Según el maestro Borges, “la poesía habla a la imaginación”, cuestión que no ponemos en duda, porque de tal modo, el místico San Juan de la Cruz, declara: “Que bien sé yo la fuente que mana y corre”. Pienso, que en la poesía de Roberto Adames, existe un fondo filosófico sublimado de mucho peso, y es por esa razón, que se encamina a ser uno de los poetas mayores de nuestros tiempos.


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Roberto Jose Adames
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