Partículas Fugaces, obra poética de Roberto Adames

Por Julio Adames

Tensión del verbo y desolación insatisfecha de una sensibilidad agónica, también alegoría del hombre que sobrevive a la sordidez cotidiana y al efecto voraz de un entorno que paraliza la vida y que parece desplomarse ante los ojos del poeta, son algunos de los elementos que constituyen la trama de esta obra.
         
La poesía de Roberto Adames, no sólo es auténtica y vigorosa por cuanto rehuye del confort que produce la complacencia banal de lo inmediato, sino por cuanto parte de un movimiento de autopurgación, cuya meta es, como nos dice Harold Bloom: “alcanzar un estado de soledad” que permita al poeta, ya  desembarazado de los estorbos de la tradición, no tanto alcanzar un estilo, como crear la extraordinaria visión de un ser que va recordando en futuro.

“Una chispa, decía William Blake, contiene todo el infierno”. La chispa en Roberto Adames es maldita y presagiante: recorre un vasto territorio, se eleva en forma de espiral, aproxima apetencias carnales, hace vislumbrar vínculos, remueve fermentos de conciencia, y al caer en forma de alto voltaje pulveriza las escorias poéticas de los alrededores.

En Partículas Fugaces, cada verso aglutina una nueva tensión. La vicisitud interior del héroe postrado constituye una oscuridad, una purgación: el cuerpo cae al fondo del abismo, se hunde y, gracias a su agresividad instintual, traspasa los límites de las fronteras del dios Tánatos, insertando la avidez del lector en una nueva perspectiva.  

El conjunto de símbolos, imágenes y acciones que estructuran el espacio somático de esta obra, resiste el embate de cualquier comentario parásito. No se trata de un discurso monológico, lineal, de fácil comprensión. Al contrario, se trata de un discurso extraído de la violentación del estado parcelario, denotativo y sepulcral de un lenguaje atiborrado de significados muertos, que actuando sobre el universo de la cultura, es obligado a testificar el instante en el que se está verificando algo inédito: “el espacio en el que los lenguajes circulan”.

En fin, inmerso en el arcano misterio de su laberinto poético, Roberto Adames, con voz oscura en tanto densa, nos presenta Partículas Fugaces, obra donde el amor, la tristeza, el dolor, la condición humana van formando la urdimbre de una gramática nihilista de gran aserto, cuyo efecto trastornador nos recuerda el caso de Tántalo en la región de los castigos poéticos, y donde el poeta, tras el dibujo de una sonrisa irónica, nos invita a disfrutar del flujo perceptivo de sus delirios y tormentos.


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Roberto Jose Adames
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