Es un deseo sublime llegar a ser colibrí. Y es maravilloso pensar que un pajarito tan pequeño tenga tanta resonancia con su batir de alas milagroso. Un texto donde expones tu necesidad de hermanar el mundo, abandonar el concepto de que las riquezas y las miserias hacen diferencias en el fondo del ser humano. Pueden hacerlas físicamente, pero en el centro de cada uno, somos uno con todos y con el universo en general.
Un abrazo