


El amor eterno dura tan poco, apenas un par de meses. En lo que acaba marzo, transcurre abril y comienza mayo. Luego el amor se disipa, como humo de cigarro. Tal cual. Sin cenizas, sin hogueras. Solo humo, niebla suave y los recuerdos que aparecen según el día.
Empecé a sacudirme esa fina capa de tristeza que se me había formado, los días comenzaron a ser mas largos y las noches, sobre todo las de los fines de semana ya no llegan pobladas de pesadillas. Entonces eternidad se vuelve solo una palabra. Amor la raíz mitológica sin lógica de algo que nunca existió. Tan solo eso.
Sin drama, sin violencia, sin el sentido de pérdida o desprendimiento que (se supone) debe sentirse en estos casos. El amor eterno suele durar tan poco. La intensidad, las promesas, los planes compartidos, terminan diluyéndose lentamente entre el aburrimiento y la apatía.
Después la rutina seguirá siendo la misma. Y no es que algo haya cambiado, solo tu presencia que ya no hace falta para completar el cuadro. Volvió el silencio en medio del ruido. Los rostros recuperaron las facciones. Volvió el apetito. Volvió también la necesidad de ocupar el espacio que dejo tu ausencia. Sin culpa, sin duelo.
Las cosas marchan bien o no tan mal, tanto como antes. Es una sensación agridulce y húmeda al mismo tiempo. Un tanto triste, un tanto amarga. Como si recién estuviera amaneciendo, por decirlo de alguna forma es una sensación -liberadora-.
En resumidas cuentas estoy bien. Tranquilo y bien.
Que más te puedo decir. a si, Sonreír ya no duele.


