Con el dedo índice

Con el dedo índice

Por: Eddy Grullon

Caminando aquella tarde me encontré con un gran público, había mucha gente, pero, ¿Qué extraño? Porque no veo ningún político, ni artista. Entonces me pregunto:

¿Qué pasa?
¿Qué sucede aquí?
¿Por qué toda esta gente…?

Y me le acerco a un ciudadano y le pregunto: ¿señor qué sucede? ¿Qué es lo que observan? Pero este no me contesto nada, como si mis palabras se la hubiera lanzado al viento, lo miré, pero estaba concentrado, muy concentrado, sacaba la lengua para afuera, y meneaba mucho el hombro, uhh, “Qué extraño” Y sigo caminando por los alrededores y pregunto de nuevo:

¿Señor qué pasa?
¿Murió alguien…?
¿Quién se murió señor…?

Pero tampoco me contesto una palabra. Estaba concentrado, no pestañaba, miraba algo. ¡Maldición!! – dije, tengo que saber lo que sucede aquí, y empecé a romper fila, caminaba por todo el público, como un estúpido, caminaba pidiendo permiso, se molestaban alguno, y me decían; ¡no moleste!, ¡vete!!, ¡Vete de aquí!!, ¡estorba!! Yo sin ponerle atención a sus palabras seguí caminando y diciendo permiso, déjenme pasar, si lo se, interrumpía su concentración, pero tenía que saber lo que  estaba sucediendo. Mirar el problema. Y Caminaba. Me disculpaba con alguno, pero ¿Qué podía yo hacer? ya estaba cerca, escuchaba una voz, era una voz fina, como con un pitido en la garganta, era misteriosa, esta no salía del estomago, si no de los labios, ohh, “extraño, muy extraño”, luego empecé a escucharlo hablaba del terrorismo en los estados unidos, él daba explicaciones, sobre dicho tema, yo sólo lo escuchaba, no podía verlo y pregunto de nuevo ¿señor qué es lo que sucede? Pero este no me contestó ni media palabra, sin embargo había mucha gente escuchando al desconocido.

Yo seguí atacando el paso, entonces por fin lo logre. Pero cuando observo ohh Dios –Dije, era una jovencita, exactamente de trece años, era linda, blanca y rubia, no había desarrollado su cuerpo, era una conejita, pero estaba desnuda, como Dios la trajo al mundo, pues el señor de voz fina la estaba usando para dar su explicación sobre el terrorismo en los estados unidos. Ella era el mapa de dicha teoría. Pero atención, porque el señor hablaba, y todo lo que hablaba lo señalaba con el dedo índice en la parte intima de la jovencita. Ósea, en la vulva de la conejita. ¡Yo!, ¡yo! mi primera persona estaba ahí, mirando, observando, al señor, él estaba dando una charla sobre el terrorismo en los estados unidos, él estaba parado, se meneaba mucho mientras hablaba, usaba el dedo índice para hablar. ¡Hablaba con él!. Por ejemplo, el decía cosas del terrorismo, luego iba a donde la jovencita, y señalaba con el dedo índice en la vulva, y la punchaba, punchaba la vulva con su dedo ¡increíble!

El señor tocaba su parte como un objeto cualquiera, meneaba su dedo por todo su órgano. Entonces me pregunté, ¿Qué significa esto? Ohh, interesante, interesante explicación, y seguí observando, mirando el señor, hablaba, y decía: porque ustedes ven aquel carro bomba que explotó en aquella esquina, ¡eso fue un terrorista!! Lo voy a explicar mejor e iba a donde estaba la jovencita y la tocaba, la punchaba con el dedo índice, él meneaba su dedo por todo su órgano. Os hubieran visto esto que vieron mis ojos. Pues la explicación dependía más de la jovencita, que de cualquier otra cosa, ella era el mapa de dicha explicación, estaba desnuda, desnudita. Era linda, muy linda, ohh Dios ¿que podía yo hacer…? nada, ¡nada...!! Porque sin darme cuenta ese señor me envolvió, me atrapó, como a todos los demás, pero no él señor, ni su dedo índice, si no la jovencita, la conejita bonita. No tenía nada en su cuerpo, estaba desnuda.


No obstante el señor seguía hablando, explicaba, y mientras hablaba del terrorismo en los estados unidos, iba donde estaba la jovencita, y le abría un poco las piernas, para que su explicación sea mas clara y seductora, (porque era dañino también, muy dañino) yo miraba, pero también miraba a los que estaban a mi lado, ellos la saboreaban, sacaban la lengua como si esta señorita fuese una torta. Os hubiera reído. Pero yo seguía ahí, tenía que ver este lunático enfermizo hablando con el dedo índice, hablaba y hablaba caminaba se movía. Paraba a la jovencita, la volteaba, luego la tocaba, la punchaba, punchaba con su dedo su órgano, ohh, ¡¡Increíble!! Yo llegue a pensar muchas cosas de este lunático, si porque eso era un lunático, un maldito lunático.

Sin embargo seguía hablando, se meneaba, hablaba con el dedo, uhh, ¿Qué es lo que piensa?, yo creo que no, que no es un dedo, es otra cosa, confieso que ese dedo era su inspiración, yo estaba desesperado, exhausto, colocaba mis manos en la cabeza, respiraba con trabajo. Yo no soy loco, ni lunático, pero quería oler ese dedo, sentía curiosidad, lo envidiaba, ¡envidiaba al señor!!. La jovencita era tan linda. Ella no era quien me mortificaba, si no su maldito dedo. Cada vez que este señor hablaba, cada vez que explicaba algo sobre el terrorismo, iba a donde ella estaba, y punchaba su órgano, hundía, hundía su dedo por toda su vulva, ohh, Dios ¿que podía yo hacer…? tragaba mucha saliva, la poca que tenía claro, meneaba mi cabeza, y me estrujaba los ojos, entonces digo: si, si, es cierto, pero no, no puede pasarme esto a mi, ¡maldición…!! Se me esta pegando lo mismo que tienen estos maniáticos, entonces digo: me voy, me voy de aquí. No, no, la joven es muy linda, ¡y es señorita!! No tiene culpa de ser linda.

Ahora lo voy a escuchar, lo escucho, lo escucho, lo veo, lo veo, esta hablando del terrorismo en los estados unidos, por ejemplo, él trata de explicar como acabar con esta corrupción, y dice: miren la jovencita, y mi dedo también, escuchen ciudadanos; es muy peligroso caminar en grupo, puede aparecer un terrorista, luego iba a donde la jovencita, y colocaba su dedo, y lo meneaba por todo su órgano. El señor estaba obsesionado con su dedo, iba a donde ella estaba, y daba todos los detalles e ideas sobre cada cosa. Tomando en cuenta que ella era su mapa, él dependía de ella para todo. Era linda, blanca, rubia, y con el pelo largo, y ojos amarillos ¡su órgano…! Bueno… este era ovalado, pequeño, y muy estrecho, limpio, y muy blanco, ohh Dios, ¿que podía yo hacer…? creo que me voy a poner loco, si loco de remate.

Pero el señor seguía hablando, meneaba su dedo índice, pero ya no voy a intentar definir por donde. Porque no voy a escribir cosas prosaicas, me ofendería a mi mismo, no soy de esos. Entonces escuché un viejo que estaba a mi lado cuando dijo: ohh, Dios, que hago en este lugar, me dará un infarto.

Pero en ese momento no me contuve  lo miré me reí: ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, no fue una risa a carcajada ni de hipocresía, si no una pequeña ráfaga de todo lo que estaba sucediendo.

No obstante el señor seguía dando su explicación sobre el terrorismo, nada lo detenía, estaba obsesionado, y muy serio. Ohh muy serio, muy serio. Hablaba del terrorismo en los estados unidos, primero hablaba, luego iba a donde la jovencita bonita a explicar dicha idea. La paraba, la meneaba, la sentaba, luego la punchaba, hundía aquel asqueroso dedo en su órgano, y eso era lo que me prendía, se me helaba la sangre, me subían y me bajaban, ¡Canalla!! ¡Como se atreve! – dije, me voy, me voy, no lo quiero ver más, no quiero ver más ese dedo índice, no lo soporto.
Fin

Santiago República Dominicana
17 mayo del 2008

 

 



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