Y la rosa humedecida de sus lágrimas, que nosotros llamamos rocío, pequeños rayitos de sol con sus dedos dorados, la acariciaban consolándola, ¡Sus espinas, no le habían servido de defenza, y ahora envuelta de celofán, veía una puerta de cristal, y enmudeció al ver tan bella damaoscura, que recibía esa rosa negra, y la felicidad llegó asus pétalos, plenándolos de inaudita hermosura, donde una mano palida y bella, la acariciaba ilusionada, mientras el sol se asomaba por completo, contento por la escena que veía y aquella azabachada rosa, que tras el portal, en un corazón de sombras, reposaba, engrandeciendo el amor.
El amante de amaneceres