Personal 3

 

 

 

Paredes blancas

 

 

 

La idílica sierra Onubense nos esperaba, el vehiculo de 500 euros que nos salvo del apuro de otro robado a mi esposa y comprado aun colega, sin aire acondicionado, era uno de los motores de esta terrorífica historia tan real como la vida misma, en un marco incomparable y podría seguir citando tópicos pero centrémonos en los pavorosos sucesos que nos acontecieron.

 

 

Los componentes de le expedición , mi suegra la cual no es el monstruo de los chistes mas bien una señora bastante joven y que se puede confundir con mi esposa , la susodicha y yo mismo , invitado de excepción e indiscutible protagonista , los cuarenta grados de los centígrados a la sombra que nos acompañaron en la odisea , no me atrevo a mentar el pueblo de nuestra aventura para no herir susceptibilidades , el caso es que buscábamos un restaurante con una particularidad , todo en su interior está fabricado en corcho la piel de los árboles que cubren estas montañas y que se renueva cada nueve años .

 

 

Ni un alma por esas calles de Dios y en mi mente una cuestión ¿estaremos apunto de entrar en una de mis conocidas anécdotas surreales? efectivamente me respondió el cerebelo alojado en mi cabeza que entiende mas que yo de estas cosas, y no tiene arreglo, prosiguió. Ya no lo tiene...estas dentro y no puedes escapar.

 

 

Solo pasaron dos minutos de deambular por el laberinto de calles estrechas como ojos de aguja cuando irremediablemente, sin perdón, sin anestesia, estábamos perdidos. Todas las calles nos llevaban al mismo lugar, una iglesia, resaltar de nuevo la estrechez de las vías que apenas daban paso a nuestro vehiculo, el agobiante calor y el estado de nervios en el que me encontraba solo superado por el de Merche, mi esposa, que me sujetaba los hombros desde el asiento trasero clavándome las uñas y no lo hacia también con las de los pies pues el coche es pequeño.

 

 

Hubo momentos de pánico extremo cuando muy de vez en cuando topábamos con otros vehículos de frente , fantasmagóricos , donde apenas se apreciaba al conductor maléficos y demoníacos cual versión serrana de “El Demonio sobre ruedas” que una vez recorrida media calle , pretendían que retrocediéramos marcha atrás pues no estaban dispuestos a ceder su parte de vía conquistada bajo riesgo de choque directo con las paredes de las casitas blancas. Blancas todas , ocupadas por  viejas vestidas de negro con gafas nubladas que nos miraban tras las cortinas ,ocultando la risa entre dientes amarillos, risa producida al ver como en la tela de araña que es el pueblo, tres nuevos incautos picaron el anzuelo y atrapados ya por siempre jamás se volverán locos en el interior del carro .

 

 

Perdimos la noción del tiempo y ya parecía que llevábamos allí toda nuestra existencia, yo nunca tuve sustancia antes de este pueblo, nací, crecí, vivo y moriré entre paredes encaladas y el único final, la cuestión principal, el sentido del cosmos es encontrar la salida de este níveo laberinto.

 

 

Apareció un ángel, una mujer que se apiadó de nuestras almas en pena, para atraparla tuvimos que darnos prisa pues se escabullía entre las callejuelas, llegado un momento al vehiculo le resultó imposible terminar la persecución por una sencilla razón no cabía...de tal modo que Merche se bajo del mismo para seguir a la mujer y pensé ¿la volveré a ver? ¿Se perderá entre las paredes de cal? mi suegra respondió a mis pensamientos con voz tétrica:

 

 

-         no deberías haberla dejado marchar.

 

 

 

 

Una nueva escapada

 

 

Suspire de alivio cuando vi Aparecer a mi mujer junto a nuestro ángel, el oráculo salvador de este Matrix en versión “ruta de los pueblos blancos” pero antes , angustiosos pensamiento de culpabilidad me corroyeron , nunca mas la dejaría sola entre paredes blancas.

 

 

 La señora nos indicó la salida y nuestros tres cerebros al unísono intentaron copiar la información, seguimos los pasos meticulosamente, no queríamos saltarnos ninguna calle o giro y al fin se vislumbró la salida con la carretera general al fondo, de puro nerviosismo y ayudado por el calor reinante mi espalda estaba pegada al asiento por el sudor , las dos mujeres que me acompañaban a un paso del llanto y el lugareño que cortaba los arbustos tenía un hacha en la mano.

 

 

Tapando la calle , a un paso de la salvación , un vehiculo con remolque cuajado este ultimo de arbustos , nos cortaba la huida , el hombre mayor  y su acompañante al parecer su hijo nos estaban dispuestos a dejarnos pasar.

 

El joven cargaba el remolque y el mayor , con el hacha en la mano , cortaba los árboles que sobresalían de su finca , de un vigoroso salto , increíble en un señor de su edad , se plantó enfrente nuestra y despacio se fue acercando a la ventanilla del conductor , yo no dejaba de mirar la herramienta mohosa con el mango colorado que se balanceaba en la diestra del viajo con soltura.

 

 

-         Pueden dar marcha atrás , saldrán al mismo sitio , nos costó mucho meter el coche aquí – me dijo el anciano , con su acento particular de forma tranquila , sabiendo que cualquier opción por mi parte sería tomada como una amenaza , el clonk producido por el hacha al apoyarla sobre el techo del vehiculo rompió , al fin los nervios de Merche .

 

 

Mi mujer abandono de nuevo el vehiculo sin darme tiempo alguno a detenerla, sus ojos rojos de furia, los puños apretados.

 

 

 

 

-         Usted va a apartar el coche de nuestro paso y la hará por ya no aguantamos mas y somos capaces de cualquier cosa – Merche no estaba para tonterías.

 

 

 

 

El camionero salvador

 

 

 

Se mascaba la tragedia como en las pelis del viejo Oeste y por un momento solo la loca cacofonía de las chicharras , es una constante en mis vida este sonido al igual que la música de Sade Adu pero esta es otra historia ,  se dejo oír en aquel enyesado callejón.

 

A todo esto conseguí salir del coche y me preparé a endilgarle un buen puñetazo al viejo antes que levantara la mano con el afilado instrumento.

 

 

En esas estábamos cuando el pitido de una camión de reparto nos hizo girar las cabezas, por si acaso uno de mis ojos, el izquierdo concretamente, seguía pendiente del viejuno.

 

 

 

 

-         Colóquense delante de mi que yo les guiare por otro camino – nos gritó el camionero salvador –

 

 

-          El no les cederá el paso...el no – término en ese momento la frase misteriosamente.

 

 

Nos montamos y dando marcha atrás nos colocamos en cabecera, por el espejo retrovisor pude contemplar como el anciano, aun con el hacha en la mano, sonreía al igual que las viejas de las ventanas y otra vez los dientes amarillos me despidieron desde aquella calleja.

 

 

Llegamos al fin a la carretera principal, el pueblo quedaba atrás, un cartel en colores chillones con una pareja feliz y sonriente nos invitaba a vivir en la urbanización aledaña, las casas a medio construir ¿nadie trabajaba en aquel día entre semana ? Solo un perro negro aulló al paso nuestro ¿lo imagine o aquellos dos del cartel tenían los dientes ambarinos?

 



+ Regístrarte y comentar este blog
Escrito por: avesolitaria       13/07/08 13:38
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Me ha encantado!! Total y absoluta!!
De nuevo, terror en estado puro a la luz del sol refractado por las paredes encaladas, con la música ambiental de fondo de las chicharras.
Me gustaría conocer el nombre de ese enigmático pueblo, no para no ir, al contrario, es que me gustan ese tipo de aventuras laberínticas, a las que, por otra parte, soy muy propensa y, aunque se pase verdaderamente mal (¿masoquismo?), me divierten enormemente. ¡¿Qué serían las excursiones sin esos alicientes?!
Un abrazo.
Escrito por: fantasmaalineal       09/07/08 20:24
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Lovecraftiano, absolutamente. Lée, si no lo has hecho, "La Sombra sobre Innsmouth". Escalofriante, lo que has hecho. Un beso para Merche.
Páginas: 1

carontex

carontex
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar cuentos