Breve introducción a la historia de la moda del siglo XX.
El pasado 1 de junio, murió el gran modista del siglo XX, Yves Saint
Laurent, después de una larga enfermedad, a los 71 años de edad. Justo
es que le dedique unas líneas, ya que provengo, en cierto modo, del
mundo de la moda y del diseño.
Para acercar un poco al lego en
la materia a este fantástico mundo de creación, para mí artística, por
supuesto, haré una leve introducción a la historia de la moda que
antecede a la aparición de Saint Laurent para facilitar un poco la
comprensión de esta figura y su ubicación en el ambiente propio de
estos menesteres.
No hay duda de que la moda en el vestir es algo que ha marcado en el
recuerdo colectivo una clave para detectar a qué época pertenece tal o
cual personaje, tal o cual guerra, tal o cual acontecimiento...
No
hay duda tampoco de las diferencias que ha marcado en cuanto a la forma
de vestir del hombre y a la forma de vestir de la mujer. Una clara
distinción, por el atuendo, de lo femenino y lo masculino.
Las
modas, adaptadas al momento histórico, cultural o social, al país o al
lugar propio donde se desarrolle la vida, han sido más o menos tiranas,
más o menos despóticas o más o menos libertarias, pero siempre marcando
la diferencia masculino-femenino.
En no pocas ocasiones,
y debido a su papel en la historia o los acontecimientos del momento,
ha habido hombres que se han disfrazado de mujer o, por el contrario y
más bien en la mayoría de los casos o quizás en los más destacados o
significativos, mujeres que han adoptado el atuendo masculino, y
precisamente por la perentoria necesidad de hacerse pasar por hombres,
que no fuera reconocida su condición de mujer o, simplemente por mayor
comodidad en sus empresas, debido a la incomodidad del traje femenino
en la mayoría de épocas, al menos en una gran parte de las sociedades,
en especial en las occidentales.
Sin
embargo, llegados al siglo XX, donde se dieron cambios radicales,
donde se alzó el proletariado; la parte más oprimida de la sociedad
empezó a buscar y encontrar su lugar en ella. La mujer tomó conciencia
de su situación de discriminación y comenzó su tarea de reivindicar su
autonomía y sus derechos. Esto también se reflejó en la moda del
vestir. Fuera corsés, fuera opresión, fuera ropas incómodas y
limitadoras; se imponía la comodidad, la libertad de movimientos, la
liberación del cuerpo, para poder tener fácil acceso al trabajo y a
cuantas actividades se presentaran.
Entonces,
Coco Chanel (n. 19 de agosto de 1883 - 10 de enero de 1971), joven
modista de humilde origen, criada en un orfanato, donde había aprendido
a coser, empezó a crear un tipo de ropa mucho más funcional y realmente
moderno. Revolucionó la industria del vestido y tuvo gran aceptación
entre la alta sociedad, donde las damas con elevado poder adquisitivo
se "encapricharon de ese estilo diferente, que les permitía ir a jugar
al golf, tomar una copa o formar parte de cualquier núcleo de diversión
social sin incomodidades y sin perder la compostura, con celeridad y
facilidad.
Coco pronto pudo poner un taller propio de alta
costura. Su ropa no sólo era cómoda, funcional y moderna, sino también
elegante. Las maneras sutiles y elegantes de Chanel, su exquisto gusto
y su amor por el arte y los artistas lo reflejó en el delicado y fino
estilo de sus creaciones y esto hizo que su ropa, más bien ideada para
un tipo de mujer trabajadora y liberada, luchadora y defensora de sus
derechos, acabara siendo la favorita de importantes damas y actrices de
cine.
Coco Chanel, en este alarde de igualar a la mujer con el
hombre, diseñó un pantalón femenino que hizo las delicias de toda mujer
con un espíritu moderno. Aquí fue donde la necesidad social contribuyó,
tal vez por vez primera en la historia, a equiparar la ropa de la mujer
con la del hombre.
Chanel ya había conseguido abolir los
incómodos volúmenes, las opresiones... Su ropa era más suelta pero a la
vez más próxima a la verdadera figura femenina, mediante una línea
fluída pero bastante filiforme y austera. Pronto el largo de las faldas
también empezó a acortarse. Como ya hemos visto, nació el pantalón
femenino, ancho y que permitiera libertad de movimientos, muy práctico
para el deporte y las actividades de diario, o las que tenían algún
carácter sportivo o desenfadado. Nos encontramos en la década de los 30.
Con
la segunda guerra mundial las faldas siguen acortándose a nivel justo
por debajo de la rodilla. La moda es muy sobria. No hay riqueza en los
tejidos. Se impone el "tailleur", de anchas hombreras. La mujer, dentro
de ese aire de rigidez, un poco marcial, quizás, busca su feminidad y
la resalta en el maquillaje de labios llamativos y muy marcados y en el
peinado, de ondas también marcadas.
Ante la escasez y la dificultad
de adquirir medias, comenzó a ponerse de moda pintarse una raya en la
pantorrilla a imitación de la costura de las antiguas medias.
Paralelamente
a Chanel surgió un importante modista, nacido en España, donde comenzó
su trabajo hasta que pudo crear su propia casa en París, y que marcó un
estilo propio, destacado por su elegancia y riqueza en la confección y
construcción del vestido, realzando de nuevo la vistosidad de la
silueta femenina, un poco en contradicción con el de Chanel, pues, ante
tanta sobriedad, las mujeres ya tenían ganas de volver a lucir, de
resaltar algo más sus formas.
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Así fue como Cristóbal Balenciaga
(Guetaria, España, 21 de enero de 1895 - Valencia, 23 de marzo de
1972), también de origen humilde, de madre costurera, quien le enseñó
el oficio, enriqueció de nuevo la moda y confirió a la mujer un estilo
elegante con el que poder lucir mucho más sus encantos. Su talento casi
escultórico le llevó a construir los vestidos sobre el cuerpo femenino,
creando volúmenes a su antojo. Chanel dijo de él que era el único
"couturier" en ese momento, capaz de ejercer el oficio.
Un poco más joven que estos dos grandes modistas fue Christian Dior (n. Granville, Francia, 21 de enero de 1905 - m. Montecatini, Italia, 24 de octubre de 1957),
quien nació en un ambiente más adinerado y tuvo un comienzo más fácil,
pero pronto demostró su gran talento y fue quien, en el año 1947, dio
otro gran giro a la moda, creando el "new look", con el que se
reivindicaba una silueta más femenina y delicada, de hombros más
contorneados, más suaves; marcando mucho la cintura, que se volvía de
"avispa" y otorgando protagonismo a la falda, que se abría en campana y
constituía el volumen principal del atuendo.
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