Falleció Yves Saint Laurent (parte final)

Sobre Yves Saint Laurent

 

 

Entre tanto, un joven modista se abría paso en París, Yves Saint Laurent (Orán, Argelia, 1 de agosto de 1936 - París, 1 de junio de 2008). Con sólo 18 años entró a trabajar chez Dior, demostrando pronto su talento al sustituir al propio Dior al frente de la firma, puesto que abandonó para cumplir con su servicio militar.

El joven Yves, siendo todavía un adolescente, era un gran aficionado al teatro, donde dudó en entrar a trabajar, gusto que compartía con la moda, devorando los ejemplares de Vogue. Gran lector también, era conocedor de la obra de Marcel Proust. A los 17, instado por su madre a tomar un oficio, se decantó por entrar en el mundo de la moda y marchó a París para dedicarse a ella.

Su talento impactó a monsieur Dior, que le empezó a llamar el "joven príncipe". A pesar de sus extravagancias, que chocaban un poco con la mentalidad de Dior, éste confió en su trabajo y le dejó hacer.

 


En la firma Dior lanzó su primera colección de vestidos de línea trapecio en el año 1957, poco antes de la muerte de Dior. En el 60 tuvo que salir para cumplir con su deber con la patria y, a su vuelta, se encontró con que su puesto había sido ocupado por el diseñador Marc Bohan.

Denunció a la empresa Dior y ganó el juicio, lo cual le proporcionó una cantidad de dinero, que junto a la ayuda e influencias de su amigo y consejero Bergé, le valió construir su propia casa de moda.

 

Yves Saint Laurent comenzó a sobresalir causando una revolución en la moda femenina. Rompió las reglas de la alta costura y se atrevió a innovar, creando colecciones en las que se podía simultanear el lujo, la sensualidad, la elegancia chic y cierto aire andrógino con el que creó ciertas prendas nunca vistas hasta ese momento en el vestuario femenino. Así pues fue el inventor del smoking femenino. Introdujo la americana, combinada con pantalón o falda en el armario de la mujer; la chaqueta tipo sahariana y el sport inspirado en el safari. Saint Laurent jugó como nadie con la femineidad, con el eterno femenino, aliándolo con prendas muy masculinas hasta ese momento, ofreciendo así un contraste, una ambigüedad, que hacía sobresalir, de una manera atractiva y extraña, la belleza femenina al otorgarle el toque de perversa androginia que fue su marca, tal vez debido todo esto a su homosexualidad, reconocida tempranamente, en su atracción por lo femenino, el gusto por el vestido y la moda en la mujer, la elegancia de su propia madre, y el rechazo por la estricta educación que recibió durante su primera adolescencia.

 


Es conocido también por el lanzamiento en sus desfiles de las impecables camisas de aire masculino o blusas con lazada al cuello, en tejidos totalmente transparentes, dejando a la vista los senos desnudos bajo la transparencia. O las prendas que dejaban al aire totalmente descubierto uno de los pechos. Lo cual no dejó de ser una provocación, pero traslucía una connotación de la ambigüedad que caracterizaba su personalidad, otorgando a la mujer el drecho de su igualdad con el hombre al desposeerla de esa incómoda prenda femenina por excelencia, el sujetador; permitiéndole sin pudor lucir desnudo el torso, cosa que estaba permitida en un hombre y concediéndole al mismo tiempo la libertad de lucir sus encantos femeninos al dejar al descubierto una zona del cuerpo de la mujer tan señalada.

Su amor por el arte, por las vanguardias pictóricas, le llevó a homenajear a los grandes pintores abstractos o vanguardistas, como Tom Wesselmann, confeccionando vestidos estampados con esos cuadros, como recordamos al famoso de Mondrian.

 


Tuvo la suerte de contar con una cliente y amiga de excepción, la acriz Catherine Deneuve, quien lució como nadie los modelos del gran artista de la moda.

 

 

 

 

 

 

Toda su vida arrastró una frágil salud psíquica, a causa, probablemente de las burlas que en la escuela recibía por parte de sus compañeros debido a su homosexualidad, su gusto por las aficiones típicas de las niñas, como vestir muñecas y otra serie de connotaciones que le hacían diferente de los demás chicos de su edad. No soportó el servicio militar íntegro, debiendo ser ingresado en un hospital psiquiátrico, lo que le facilitó el abandono del cuartel antes de cumplir con el tiempo reglamentario.

 



Todo ello lo convirtió en una persona insegura a pesar de que supo conseguir el éxito dedicado a lo que realmente le gustaba, con continuas frustraciones, decepciones y caídas del ánimo, todo lo cual lo condujo a crearse una dependencia de barbitúricos y otro tipo de drogas, que debilitaron aún más su frágil y delicada salud, que nos ofreció una imagen de Yves Saint Laurent, los últimos años de su vida, a pesar de no contar con demasiados años de edad, muy deteriorada y avejentada, extremadamente delgado.

 


A Yves Saint Laurent siempre le recordaremos como un excéntrico, como el "príncipe de la moda", como un rompedor de moldes, como un icono de la moda francesa del siglo XX, como el creador del smoking femenino y los vestidos línea trapecio o saco, con imprimación de arte vanguardista.

 


Descanse en paz.




 



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