Sobre aguamorena
Hombre mío.
Si te habré amado
hombre mío,
si me habrás partido
la sangre en hecatombe,
si habré inmolado mis
ojos mudos
a la luz de tu boca,
si me habré vuelto raiz
sólo para que tu savia
me engendrara hojas,
si te habré amado
hombre mío,
si habré conmemorado
el camino de tus manos
en la intemperie de mi cuerpo,
si habré vivido invirtiendo
dolor a mi silencio,
hombre mío,
y mírame ahora,
con los huesos repartidos
sobre mi verbo
no acierto a encontrarte
en mis adentros,
te he perdido en la mar
de mi garganta,
te he clausurado
hombre mío,
para no enfrentarme
a la señal que hubieras
tallado sobre mi pecho,
te he crucificado,
hombre mío,
a favor indiscutible
del pronunciamiento
del hombre nuevo.
Y mírate ahora,
hombre mío,
piedras sobre tu nombre
llueven a la memoria
de los antiguos días
en los que yo te amaba
y tú,
sólo te callabas.
Si te habré amado,
hombre olvido,
si te habré amado.