Seguramente bailaba. Apareció de forma instantánea, regando su olor a maravillas. Tal vez ella nunca supo que las letras dedicadas y, aparentemente exclusivas, eran regaladas por doquier a otras que no bailaban, con la intención de ganar indulgencias. Vano error sentirse la excepción. Tal vez si bailara, hubiera pensado menos y menos hubiera perdido. La verdad no es más que un desacierto del que hay que abstenerse, crecer duele suficiente cuando por tanta precaución inútil, se hace frenar cualquier licencia. Por alguna razón me enajenan. Por otra distinta, el destino sale a mi favor.