¿YO! NO ESCRIBO.
¿Qué porque escribo?, me preguntan. Yo no escribo, pergeño. Solo formo las letras, añado puntos, comas, acentos, diéresis y ellas, obedientes, pues tienen toda una vida de experiencia, se alinean y forman palabras.
Que diera yo por saber expresarme diciendo: En algún lugar del ciberespacio cuyo website no puedo acordarme parafraseando al ilustre manco. O bien, hablar tan poéticamente de la noche aún cuando esté inmensamente triste por la partida del amor de mi vida y aún así percatarme del estado de ánimo de las estrellas, con la sensibilidad del bardo austral.
Quisiera saber describir tan deliciosamente aquel pueblo de mítica memoria que la mente de mis lectores se trasladase al instante a un rincón perdido de la selva colombiana y así hacerlos ver llegar el barco por aquel inmenso río y ése hombre esperando la ansiada carta que nunca llegó. Anhelaría también poder transmitir de tal manera mi estado de ánimo como la muchachilla aquella que se fue buscando mundo a Paris y que tan solo unos cuantos minutos le bastaban para hacer feliz a sus clientes, aun cuando a ella le tomo toda la vida nunca encontrar la felicidad.
Vamos, desearía poder plasmar con tanta intensidad el estupor de la familia cuando el abuelo les reveló que se había enamorado; o bien, poder transmitir con tanta intensidad humana al amor a un perro que termine uno casi creyendo que, de verdad, se entiende el agradecimiento perruno por la buena obra recibida. O como la niña aquella describiendo de tal manera a su hermanita que nos invita a quedarnos a elevar las plegarias por su salud junto con ella.
Pero, les decía, yo no escribo, trazo, dispongo; solo trato de reflejar las bellas letras que durante toda mi vida me han nutrido. ¿Las pueden ver .?
