Unos años despues

Conforme fuí creciendo me interesé por las guerrillas. No es nada extraño habiendo leido las aventuras y desventuras del Cid Campeador, los tebeos de Roberto Alcazar y Pedrin, imitando en los juegos al Capitan Trueno, influenciado por las peripecias de El Jabato, e ilusionado con ser El Guerrero del Antifaz, del que yo creía que El Zorro debío ser un aprendiz.

Por estas y otras razones, procuré y convencí, - no sin contar con la ayuda de un amigo- a un cerrajero vecino de que me hiciera una espada de hierro.
!Qué privilegio! !qué orgullo!
Saber que todas las espadas del barrio erán de madera, y la mia de hierro.
!Ahora verán en mí a un guerrero!

Dicha pieza era solo una lámina plana de hierro, a la que le habian soldado un trozo mas pequeño en forma de cruz. Logicamente, como el cerrajero conocia el uso a que seria dedicada tal elemento bélico, se habia cuidado de darle un acabado romo en la punta. Este arma era un poco pesada para una musculatura incipiente pero, tal era mi vocación guerrera, que saque fuerzas de flaqueza para esgrimirla en favor de la justicia, o lo que era lo mismo, en defensa de los intereses locales.

Con esta potente arma fui admitido en la cuadrilla de mi barrio. Pasaba de este modo a ser guerrillero titular y no uno de reserva para cuando, de este lado, eran pocos. Aquella espada dio alas a mi imaginación, y comence a decir que me llamasen Ricardo Corazón de León.

!Que recuerdos!

Por entonces existián rencillas entre pandillas de los diferentes barrios del lugar donde me crie. Los enfrentamientos se realizabán con armas de fabricación artesanal; espadas de madera, flechas de caña menuda, arcos de una vara de arbusto, etc. etc. Aunque el arma mas efectiva era el tirachinas, seguido de la onda.

Cuando estalaban las hostilidades, era tremendo el griterio. Se pasaba de las ofensas a las armas y comenzaba una lluvia de piedras.

!Le he dado! !Mira como corre!

!Calla y cubrete la cabeza!

En aquellos momentos, ni los perros mas bravos del lugar, se atrevián a cruzar el campo de batalla; por lo general un solar grande o un barbecho.

!Qué tiempos!

!Qué maravillosa locura!

La contienda no se prolongaba por mucho tiempo ya que, pronto aparecian, alertadas por el escándalo, o por algún chivato, las juezes de paz en forma de madre, con delantal y alpargata en mano.

Con esto no contabamos; eso era considerado artillería pesada. Aquellas alpargatas con suela de goma neumática, se amoldaban de tal manera al trasero con un argumento tan convincente, que calmaban los exaltados ánimos.

Nada mas humillante para un guerrero, que verse obligado a deponer las armas, ante un mediador femenino y aceptar sus ordenes, oyendo las risitas de la pandilla contraria.

Despues de estos enfrentamientos siempre fueron muy socorridas las monedas de "diez reales" para mantener a ralla los chichones. Ni el Vaticano tenia tantos cardenales.

Eran y son estas las ventajas de las guerras, sin intereses lucrativos, exentas de armas químicas, misiles y nucleares; porque amigo, esta claro; si te cargas al contrincante, ?con quién pelearás mañana?

Gracias a los que han tenido la paciencia de leerlo.



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Escrito por: omenia       27/03/08 19:27
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Me agradó tu retorno a la infancia, casi pude verte con tu espada y a tu madre con la chancleta en la mano, jajaja, muy buenos recuerdos.
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Represerrante

José Ferrera
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