Ya no son esos dos ojos que me miran,
ni ese cuerpo que saltó del
edificio,
ya no es nada ni por gusto
ni por vicio
ni un linfático placer que
en ti delira.
Ya no es un no se qué, una
palabra
que se orina en el ayer de
un diccionario,
ya no es el más allá, no es
el diario
que se cae antes que tu puerta
abra.
Ya no soy ni tu, ni yo, ni
el otro día,
ni las manos arrastrándose
en las pieles,
ni los holas, los adioses, ni
los fieles
laberintos que custodian las
certezas,
ya no es nada, el vacío
llena todo,
la vigilia se alimenta de
ese lodo
y se pierden en los sueños la alegría.
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