Como una cosa viva, como un día
con dos soles y una luna por
el medio,
era todo y más, y yo lejos
del tedio
le veía, le veía le veía.
Y pasaba por las calles y en
la vía
separaba edificios y
vitrinas,
en desiertos florecidos ¿Adivinan?
Le veía, le veía, le veía.
Es las cosas que no existen,
en tranvías
que paseaban en las sangre
de las venas,
en lo otro, en mi mismo, le
veía
en lo mágico silente, en lo
que suena,
en lo cálido, lo frío, en la
condena
de tener que verle y eso
repetía.
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