Aún vive el nogal en el viejo armario, aún se queja y siente, aún tiene color en las vetas multiformes aún huelen sus poros a polvo antiguo y tiempo. Cien años muerto y transformado se alza en cubil hermoso y brillante, con perfume de nueces y cien historias, tras el espejo corvo, donde aún se refleja el ánima. A nosotros, sin embargo, nos destruirá el amor, la dolencia y la carcoma... y dentro de una caja nogalesca nos trasformaremos en abundante nada. Oh, armario, símbolo de la prestancia y la generosidad, con misterio envuelto en el aire de tus cajones, que roza la mano del hombre, que te acaricia como a un amante, cuando busca los secretos hondos de tu arcano. Espacio infinito sin fondo, deseos de ropa limpia, que tras los biseles de tus contornos, manejas el tiempo y el secreto de los espacios.