Vestido Turquesa

Categoría(s): poesía

Revoloteó el ángel al pie de la diosa

y en el batir de alas

movió las faldas del vestido turquesa,

embelesado veía su ir y venir,

adivinando el contorno bajo la divina tela,

la cual suavemente se adhería a su piel.

 

Sueños y fantasias se agolparon,

cerré y abrí mis ojos y de nuevo allí estaba,

hablando de aquí para allá, yo, ya no escuchaba,

tan solo miraba, sintiendola mía.

 

No se en que momento la creí cercana

y embriagado en sueños, descubrí eran vanos.

 

Tristeza, agonía, si tan solo un día,

pensara mirarme, me encontraría sentado,

aquí a lo lejos,

observando el mover de los pliegues turquesas,

que la hacen flotar y aquí dentro añorar

los tiempos pasados sintiéndola mía,

sin penas, sin rabias, creyendome dueño

de aquellas miradas color de café.

 

Un ángel dorado de belleza extrema

una que otra tarde se le puede ver,

brincando, saltando de aquí para allá,

batiendo sus alas, guiñandome el ojo

cuando las faldas turquesas se alzan de más.

 

Una lejana tarde, cualquiera del año,

en abril o mayo, un lunes o un martes

que gire a mirarme y sienta que existo,

viviré de nuevo, gritaré a rabiar, volveré a soñar.

 

Que el ángel dorado de extrema belleza

la tome de manos y la deje aquí cerca,

que pueda tocarla con solo moverme,

que sienta su aliento muy cerca del mío

que de llanto ni frío vuelva a saber.

 

Y cuando el vestido de tono turquesa

de divina tela

con estas dos manos le pueda quitar,

miraré el contorno del cuerpo endiosado

así, muy cercano, sin telas, sin pliegos,

tan solo su piel sintiendo mis dedos

recorrer su carne.

 

y en adelante muy junto los tres,

mi diosa encantada de vestido turquesa,

mis sueños con ella

y el ángel dorado de belleza extrema

que de tarde en tarde revolotea a sus pies,

guiñará un ojo cuando mi amante

ponga en mi la mirada de ojos café.

 

Y sis esa mirada de llanto está llena

me embargará la pena y la desesperanza

creyéndola cerca y a la vez lejana

sintiéndola propia y a la vez ajena. 

 

Y si el vestido turquesa

que una que otra vez exhibe,

ese que dibuja el contorno endiosado,

descubriera angustiado,

que no es a mi a quien luce,

es para un caballero de oscura armadura

que ya no batalla en arena ni ruedos,

que solo disfruta tenerla cercana,

vestida turquesa.

 

Y si esa mirada color de café

no es llanto que esconde,

tan solo una lágrima,

que escapa azorada

cuando el ángel dorado de extrema belleza

susurra a su oido,

que soy yo

quien en verdad le ama.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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