


| Escritor: | CREATIN |
| Públicado: | 19/03/2008 |
Revoloteó el ángel al pie de la diosa
y en el batir de alas
movió las faldas del vestido turquesa,
embelesado veía su ir y venir,
adivinando el contorno bajo la divina tela,
la cual suavemente se adhería a su piel.
Sueños y fantasias se agolparon,
cerré y abrí mis ojos y de nuevo allí estaba,
hablando de aquí para allá, yo, ya no escuchaba,
tan solo miraba, sintiendola mía.
No se en que momento la creí cercana
y embriagado en sueños, descubrí eran vanos.
Tristeza, agonía, si tan solo un día,
pensara mirarme, me encontraría sentado,
aquí a lo lejos,
observando el mover de los pliegues turquesas,
que la hacen flotar y aquí dentro añorar
los tiempos pasados sintiéndola mía,
sin penas, sin rabias, creyendome dueño
de aquellas miradas color de café.
Un ángel dorado de belleza extrema
una que otra tarde se le puede ver,
brincando, saltando de aquí para allá,
batiendo sus alas, guiñandome el ojo
cuando las faldas turquesas se alzan de más.
Una lejana tarde, cualquiera del año,
en abril o mayo, un lunes o un martes
que gire a mirarme y sienta que existo,
viviré de nuevo, gritaré a rabiar, volveré a soñar.
Que el ángel dorado de extrema belleza
la tome de manos y la deje aquí cerca,
que pueda tocarla con solo moverme,
que sienta su aliento muy cerca del mío
que de llanto ni frío vuelva a saber.
Y cuando el vestido de tono turquesa
de divina tela
con estas dos manos le pueda quitar,
miraré el contorno del cuerpo endiosado
así, muy cercano, sin telas, sin pliegos,
tan solo su piel sintiendo mis dedos
recorrer su carne.
y en adelante muy junto los tres,
mi diosa encantada de vestido turquesa,
mis sueños con ella
y el ángel dorado de belleza extrema
que de tarde en tarde revolotea a sus pies,
guiñará un ojo cuando mi amante
ponga en mi la mirada de ojos café.
Y sis esa mirada de llanto está llena
me embargará la pena y la desesperanza
creyéndola cerca y a la vez lejana
sintiéndola propia y a la vez ajena.
Y si el vestido turquesa
que una que otra vez exhibe,
ese que dibuja el contorno endiosado,
descubriera angustiado,
que no es a mi a quien luce,
es para un caballero de oscura armadura
que ya no batalla en arena ni ruedos,
que solo disfruta tenerla cercana,
vestida turquesa.
Y si esa mirada color de café
no es llanto que esconde,
tan solo una lágrima,
que escapa azorada
cuando el ángel dorado de extrema belleza
susurra a su oido,
que soy yo
quien en verdad le ama.
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