Esa cosa, esto, aquello, las cadenas
que te tiran hacia el fondo del abismo,
ese otro que hay en ti, ese, ese mismo
que derrama sangre roja por las venas.
El pequeño con complejo de coloso,
el reptil que se convierte en astronauta,
el que besa como princesita incauta
sobre labios de futuros pedregosos.
El que llora cuando cae de maduro
y se azota con las cuentas del rosario,
el que muere, semidios extraordinario
en edenes de terreno hipotecado,
el que duerme solo, triste y abrazado
a si mismo y al silencio que es su muro.
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