Aún no se pasean las luces de mayo por este abril ceniciento, y la alcoba agrietó sus paredes de tanto llorarte y de extrañarte ¡Veinticinco minutos! En este carro de recuerdos se va huyendo mi tristeza, y mi ser se parece a ¿te acuerdas de mi sombra? Mis ojos ya no desnudan el cielo de la tarde que ayer murió sin perdón en el capitolio de un no ¡Veinticinco minutos! Y deliro Debajo del cenicero escondí tus uñas apretando mi cuerpo, Tus manías, detrás del espejo, Tu rutina, en mi mesa, como alimento; Tu voz, en mi infierno, Tus cartas, en el silbido del cartero y tu ausencia, en el ladrido de mi perro. Los silencios tuyos aún merodean la esquina de mi cuarto Y llueve llueve mucho en esa parte cada madrugada ¡Veinticinco minutos! Y me muero Muero con los calambres del miedo, al insoportable poder de este amor sempiterno no sé si te odio no sé si te quiero y mi grito es de dolores parturientos al intentar quemar tu recuerdo. ¡Veinticinco minutos! ¡Y será la última vez que abuse de tu tiempo.!