Abrió sus brazos
y todo el aire entro en su cuerpo...
purificando su sangre.
El cielo aborigen, padre nativo
se fundió en sus ojos eternos
y los lleno de inmensidad.
La belleza congeló lo natural,
y la callada dulzura que trepa
por la virginidad de las montañas...
cobijó al hombre
en su vientre fecundo.
Parte del todo fue
con el árbol, el pájaro
el agua que sigue fiel a su madre,
torrente que algún día,
limpiaría la tristeza
de una humanidad que tropezó con los latidos
de una tierra humedecida por el llanto.
Thais
|
Imprimir |
Enviar poema |
