La ciudad de gris esparce su dolor
sobre los tejados de la avenida azul,
en la acera un loco pasa gritándole a los perros,
una dependiente de cabello de plata
entrega presurosa un paquete de rosas,
en las calles la realidad aplasta
como un tornillo sin fin, no estás,
hace tiempo te fuiste,
y yo ensayo formas de olvidar mis muertes
para seguir viviendo,
con los años es más difícil el olvido,
con los años las imágenes
se impregnan con más fuerza en la piel,
se instalan allí igual a sanguijuelas,
y absorben el alma con odio,
destilando veneno en cada recuerdo,
cada segundo es tomar un trago de absenta,
cortando imágenes en los cuadros de goma,
que observo una y otra vez no sin cierto horror,
y es allí en cada suspiro que creo tomar la forma de una copa,
tal vez sólo un arbusto en llamas,
un ser arrojado a su propia suerte,
y es entonces cuando es necesario el auxilio,
el auxilio de un ser inmutable
que sopesa las faltas y observa los besos tras un velo de fuego,
que al despertar se llama muerte.