Limito tu presencia para evitarlo,
La limito en los bordes del deseo,
donde es posible que ya no exista,
limites irreales, limites imposibles.
Tu presencia se limita a lo cotidiano,
como queriendo justificarse,
como se puede justificar la ausencia,
como no es posible justificarla.
Presencia limitada por las causas,
por las circunstancias que las provocan.
Ella que era la sin límites,
ella que era la injustificable,
la que porque sí, la sin causa,
la que aparecía por sorpresa,
la que la sorpresa la atraía.
Limito tu presencia limitada,
fronteriza con la nada,
la inmensa nada que llega
hasta la frontera de ella,
la limito por temor a esa inmensidad
que me enseñó de repente, sin pensarlo.
Ella, que desbordaba todo,
ella, que lo inundaba todo,
ella, que rompía mis límites,
que me penetró sin permiso,
ella también pone sus límites.
Por eso ahora los romperé,
destruiré los impotentes muros
donde te refugias sosegada,
tranquila de mí, segura.
Ahora, será ahora, no hay espera.
Ahora, será ahora, en cuanto pueda.
Será ahora, en el momento preciso.
Será con ella delante, de frente,
cuando me esté mirando,
cuando no sienta el peligro.
Será con su presencia,
con la fuerza de su presencia,
con la energía de la vida.
No puede ser de otra forma.
Tiene que estar ella presente.
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