¿Tú eres poeta?
_¿Tú eres poeta?_ Preguntó ella.
_No_. Contesté yo, a secas.
Y, serena, me cuestionó de la siguiente manera:
_Pero, ¡he leído por error tus letras!
En ellas he visto sueños, canciones.
He visto rosas y espinas, vida y guerra.
He visto, también, hermosas verdades
y, en la forma mas dulce y fina,
he visto la muerte rimar con suerte
y he olvido su carácter de asesina.
¡Yo si creo que eres poeta!_.
Pero Yo respondo con otra negativa
Con cara de ida, de prisa, increpa ella:
_Entonces, ¿por qué he contemplado entre tu métrica,
los hermosos tules que adornan la luna?
¡No me mientas!
si ya me di cuenta que eres poeta!
Ya lo sé. Y eres uno bueno,
no finjas porque ahora lo sé;
pues se incendiaron de rubor tus mejillas,
de ese color que se guarda la acacia,
cuando sin apuntar he disparado
mi pregunta sobre sus poesías,
la afirmativa oración que repito ahora:
Te descubrí: ¡Es usted un poeta!
_¡Que no lo soy!, Cará
¡que mujer mas terca!_
le digo. Y ella, enojada, pregunta: ¿Qué carajo son mis letras
sino una expresión inequívoca de verso y rima,
del noble arte de hacer poemas?
Entonces, sumiso, bajo mi cara a sus tetas,
_ ¡Ya os dije, mujer; no soy poeta!.
Poeta tú que hallas belleza entre mis letras,
en el tintineo de mi lápiz, en la materialización de la idea.
¡Yo sólo escribo para desahogar mis pobrezas!,
y, no porque dos palabras riman,
ya se le debe decir a uno Poeta.
¡No insistas mas, por qué no te quedas quieta!
Y, _le digo, como una advertencia:_
no andes por ahí pregonando, diciendo,
sólo porque te gustaron algunas letras,
que has conocido a un buen hombre
uno grande, un verdadero poeta.
A una mujer que, un día por error, escudriño uno de mis cuadernos, y disparó, sin preambulos y afirmativamente, la frase incitadora de este poema: ¿¡Tú eres poeta!?