


| Escritor: | avesolitaria |
| Públicado: | 17/07/2008 |
Tristezas que son alegrías
puede que a veces ocurran
cuando despiertas un día
y ves que un alma venía
a salvarte de la pena
que, de una inútil condena,
tú ya habías elegido.
Para qué sufrir, me digo,
si hay alguien que vale la pena
prestarle atención un rato
mientras la inútil condena
se puede ir disipando.
Lazos que hacen sufrir,
ataduras que hacen daño,
tristezas que van sumando
las ganas de no vivir...
mejor dejarlas morir,
mientras en el alma quede
un resquicio al descubrir
que, siendo la vida tan breve,
lo importante es vivir.
Agradezco a la tristeza
que me mostró la alegría
y al alma caritativa
que me enseñó la grandeza
que encierra vivir la vida.
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