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Me dijeron que eras todopoderoso
Y miré al sol quedando más ciego que antes.
Que estabas en todas partes
tomé una rosa con mis manos torpes,
Sintiendo el dolor profundo, no por la espina ¡no!
Con la que la bella se defendía
¡No! Fueron sus pétalos rotos que gritaban en mi alma,
alma de imberbe que nada comprendía.
Te va a castigar
Y vi una mujer llorando por el fruto que se iba
Pequé, ¡si! sentí lastima sin saber que el mismo nacía a la verdadera vida.
Pequé, ¡si!, pensando que tu lo permitías.
Que eras amor, entonces quien eras si el amor no castiga.
Dudé y me tocaste dentro, pequé y me perdonaste
Haciendo que perdonara mi ignorancia.
Todopoderoso porque me hiciste a mi, para amarte.
En todas partes si, hasta en la piedra que aparenta inanimada,
En el pájaro que remonta su gracia por el cielo, o pinta la mañana con sus trinos.
En la brisa fresca que besa mi frente mojada.
Amor ¡Si!, porque todo me regalas, hasta para sanar mi cuerpo y mi alma.
Castigo el que solo mi maldad ampara.
No por ti, son las leyes de equilibrio y armonía
Para que seas, para que yo sea o seamos el brillo de la vida.
Omnipotente, ¡Si! Me dejaste tu hijo, para que en forma lo buscara,
No en la imagen o el lamento.
Dentro muy dentro.
Para que mis ojos planos entendieran que sin él: TODO ES NADA.

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