A mi padre in memoriam
Vi como tu piel se arrugaba cada día en medio del ardor que dejan las heridas imposibles. Pero la visión de flores caídas no altera el precio de la discordia, el semblante taciturno de los hielos que pueblan mis horas, la escalada del árbol milenario en busca de un tesoro perdido, de un capricho iracundo, mientras los niños alimentan sus raíces con sus lágrimas. Sus manos apenas rozan el tiempo cuando cruza por mi puerta. Quiero conocerte ya que el espacio prestado no fue suficiente, pues las flores aun siguen alterando la razón que siempre vuela como paloma sin morada. Sé que tus manos no pueden llegar al espacio que me altera, sé también que el camino de retorno a la niñez no siempre pasa por el frente de la casa de los muertos, trágica visión de los amigos que se fueron
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