Te encontré perdido en la nada, entre las muchedumbres de los calendarios; husmeando en las miserias de los triunfos Te encontré: ojos blanco de horizontes, boca seca de ansiedad; oculta el alma ante la gente que te juzga sin considerar la piedad.
Te encontré; murmurabas entre dientes mientras pateabas las aceras y, sin saberlo, con tus actos engendrabas delincuentes para así disimular tu propia lastima.
Te encontré, lleno de odios y reproches y te encomendé a mis dos manos. De ellas tomaste lo que manaban: Su calor para tus frías y eternas noches. Y limpié con ellas tu rostro, y revestí con abrazos tus titiriteos, quité de tu historia los momentos feos para mostrarte el firmamento y sus astros.
Y, hoy, así sin mas, te marchas. Sin dar tumbos ni tropiezos, dejándome un sabor amargo. Libre ya de dolores añejos con los sueños nuevos e ilesos y un alma libre de cargos. Te vas sin el adiós que me merezco, el que, en estos versos, guardo.
Déjame creer que se trata de un re-encuentro.
Lo leí, no me atreví a comentarlo, hasta formarle una mejor idea de todo loq ue sucede en el interior del escritor.
un abrazo fraterno.
Omar.