Te busco entre las cuentas de un collar deshecho.
Entre las sábanas que ayer llevé a la lavandería.
Entre los restos de rimmel restregado por mi cara cuando me desmaquillé anoche.
Entre las peladuras de una manzana agridulce que he desayunado.
Te busco en mi cuarto, en mis cajones, en mi armario.
Te busco sin cesar y no te encuentro, volátil entre mis dedos te has esfumado.
Te has marchado sin dejar ni rastro.
Se han borrado tus huellas con mi llanto.
Mis lágrimas han lavado cualquier vestigio de tus pertenencias,
de tu esencia, de tu amor, de tu alma y de tu presencia.
Han reblandecido el fino filamento que nos unía y ha terminado por deshacerse.
Te busco y ya no logro encontrarte y me pregunto si tú también me buscas,
pero no soy capaz de hallar la respuesta
porque una barrera sólida, opaca, resistente y en acero inoxidable se levanta entre nosotros.
He dormido mal ¿y tú?
He sentido deseos de tirar mi vida por la ventana...
He querido a martillazos derribar la barrera de la que te hablaba.
Pero sólo he conseguido hacerme daño, herirme con el mismo martillo que empuñaba.
Te puedo imaginar detrás de esa barrera pero no te veo.
Tampoco oigo tus palabras, ni el latido de tu corazón, ni nada.
Presiento los pasos de la muerte en esta agobiante y lúgubre distancia.
Presiento una terrible desgracia y lucho por respirar, por salir a flote, es como si me ahogara.
Y vivo en mis recuerdos sumergida, alimentando vanas esperanzas.
¿Qué fue de aquel amor tan prometido? ¿En dónde se quedó tu esencia atrapada?
Entre las cuentas desperdigadas de mi collar no estaba,
tampoco la encontré entre mis sábanas recién lavadas.
Si en los restos de maquillaje..., con ellos se esfumó por el desagüe del lavabo.
Si en las peladuras de mi fruta, ya se habrá agusanado.
Entre mis posesiones no la hallo.
Por entre mis dedos pasa una leve brisa evaporada.
Siento cercano tu adiós. Te busco para no encontrar ya nada.
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