El brío de la soledad sedienta. La cabellera de la muñeca Enciende la hacienda de mi corazón. Un caudillo tierno exclama sobre el colchón de púrpura, Tiritando en la sombra del fuego. El rábano de oro se marchita en el Refrán de aquel hombre pobre e, Implume que no pudo volar sobre el Oleaje de aquel mar lúgubre. Rondó armónico que han de oír, Un esclavo rondeño ha de componerlo. Flautín hermoso han de destrozarlo, Ordeñando el opúsculo infalible. Mudables hombres del infierno, Observen la hoja de mi pecho Y la flor de mi comentario que se Adinera en el accidente de mi palabra. Cóndor de las punas complicó Ondamente, la vida de vuestros llantos. Suculento chocolate saborearon los Infelices de aquel prodigio. ...Recuerdo aquella vez, de un accidente de tránsito, donde decenas de hombres combatieron sus vidas, algunos de ellos fenecieron, y éste es el fruto de ella. JUGLAR CHAVAL.