Soñando te vi, frente al portón de mi casa. Con ojos de miel, y labios de cereza. Quien eres, extraño, que cada vez que me duermo, apareces en mi y cada vez que me miras, me voy llenando de ti? Soñando otra vez, besé tu boca de seda. Y después me abrazaste, mientras derramabas azabache en mi hombro derecho. Porque te asomas, extraño, cuando caigo rendida, y te desvaneces ante mi, cuando corro a alcanzarte? Una vez más, te v¡ de repente, caminaste hacia mi, y me besaste de nuevo, tomando mi mano y rodeando mi cintura. Pero esta vez no te fundiste con mi almohada, ni desapareciste en la niebla como un fantasma cualquiera, sino que jugueteas con mi pelo y me susurras al oido, porque esta vez, ya no estaba soñando...