


| Escritor: | hubeto |
| Públicado: | 09/03/2008 |
En una mañana triste, que hasta el momento no ha sido olvidada, tope con un extraño hombre de piel morena y alisada, tenía una sombra en su despacho de cara, sus ojos parecían ser de otro mundo pues en ningún momento estos brillaban, sus manos largas duro me impactaban, ese hombre raro estaba como perdido aquella mañana. Qué debo hacer pensaba yo sin querer respuesta clara. Encontrarme con aquél hombre parecía ser una sentencia clara.
- ¿Quién eres? Pregunte sin reparo de nada.
- ¿Que quién soy? Respondió éste con voz resquebrajada.
Un silencio invadió mi cobarde cuerpo que al instante paralizado estaba. Parpadee en repetidas ocasiones como insinuando saber de aquél que bien tímida y opacamente me observaba, pero en el fondo, de él no quería saber nada, pues su apariencia bien ya me asustaba.
- Soy un hombre cualquiera sin conciencia de nada - Respondió éste con tono extraño en el habla. Que perdido esta mañana - continuaba él con su habla resquebrajada. Trata de ser alguien en una vida olvidada. Soy pequeño de razón por tener mente olvidada; igual, soy duro de sentimientos por no ver en las mañanas lo dulce de la vida en compañía de una bella dama; soy solitario errante, que no piensa en los seres que lo aman; soy fracasado de ganas, pues ya ardiente han pasado los momentos de hacer algo de lo cual la vida me regla, pero sobre todo, soy simplemente un reflejo en un viejo espejo que en esta mañana, que aunque resplandeciente, de buen olor y color, todo lo refleja con ganas de nada.
Y fue así como pude darme cuenta que aquél extraño hombre con quien yo hablaba, no era más que un triste reflejo que de mí tiempo atrás ya me acompañaba.
Ahora ha pasado el tiempo y del espejo no ha quedado nada, pero el reflejo de aquél extraño ser me recuerda siempre lo infeliz y triste que he sido en esta vida perdidamente consumada.
|
Imprimir |
Enviar poema |


