De pronto te elevas en mi conciencia
flotando sobre el perfume de los momentos.
Los rostros de sepia y plata se funden
mas allá del recuerdo.
LLegas a mí en el instante justo,
cuando preciso la transparencia
de todo lo infinito.
Esas imágenes mentales
que proyectas por encontrarme,
siguen su marcha esforzada
en la cotidianeidad torturada.
Se derrama en el espacio
una lluvia de incienso,
que susurra a mi oído
con la voz de otros tiempos...
Y escucho la música tintineante, secreta,
y siento la pasión de los pájaros
desatada en la breve recta de la caña;
mientras la Deidad Omnisciente aguarda
mi despertar,
ante la sutil madreselva del mañana.
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