Abierto en impecable giro con la gracia de un ave, bajó la mano, lento, suave casi tan imperceptible como un suspiro. Anonadado ante tal plástica, el poeta encayó abruptamente, su mirada se movió herratica poseido de amor, inevitablemente. Y con la pacion de un Goya, la siguio atraves del teatro entero, mirandola, como se mira una joya, con amor si, con amor verdadero, voy a atraparte en mi mejor verso, prisionera eres ya, en ese mi universo.