DE LA GRAN TRIBULACION
“Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera,
la que está sentada sobre muchas aguas;
con la cual han fornicado los reyes de la tierra,
y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación.
(Apocalipsis 17:3-7, 18:4-5)
No le importó el púrpura-escarlata de sus vestidos que encendían aun más los fulgores carnales de sus pecados.
Pecador perdido sin perdón para siempre lo único que deseaba era hundirse y beber, beber y ahogarse en el cáliz de oro lleno de su sangre y su saliva y sus fluidos hirvientes y sus aguas de malditas.
Y solo vió el nacarado tierno de su cuerpo vestido solo con oro y piedras preciosas y perlas, y ella ebria de la vida que se toca y que duele.
Ella lo llamaba, lo atraía hacia un túnel sagrado.
Y vió sus siete cabezas, vió sus diez cuernos, y vió la muerte sobre pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas, vió muerte y sangre, dolores y males y plagas.
Y no le importó, porque la anilina de sus ojos lo envolvía en el tul de su piel perfumada, ardiente y cercana.
Fue más ciego al mal que enemigo del bien, y fue sordo a la voz del cielo de mentira.
Rompió allí los votos de abstinencia de monje adusto y consagrado.
Y se sumergió al fin en ese liquido primordial de sangre, leche, saliva, sudores y lagrimas y orines y licores sexuales.
Eran las Aguas Vivas que le llevaron la vida buscándolas para aplacar su sed de ser parte de el Todo que le prometieron en el Paraíso.
Y sintió que su cuerpo inmerso en la tierna turbiedad de ese vino voluptuoso se iba involucionando, curvando sin dolor ni conciencia, sus rodillas encogidas al pecho y las manos en oración hacia el rostro, bajando la cerviz y cerrando los ojos.
Y supo que en ese cenote tibio y urgente, lleno de los aceites y brebajes de la Gran Ramera no estaba muriendo sino volviendo al tierno origen materno.
Entendió que esa cálida densidad animal era en verdad Sus íntimos caldos uterinos, que estaba de regreso al único lugar donde el Universo tenia sentido, y asombrado intuyó que era el fin de la Búsqueda, del Camino, y del Tiempo.
Y fue esa su revelación.
Con el pavor desesperado de los que alcanzan a ver la Luz, quizo borrar con el codo los oscuros escritos que le habían llevado a ese divino dzonot.
Comprendió que ya era tarde para todo.
Ahora está con los ojos cerrados dejándose morir para apurar el goce de los últimos estímulos vitales de las aguas incestuosas de la Sagrada Meretriz, Babilonia la Grande.
"vuelve y bésale la vulva ancestral de hembra rota,"
UTERINO
"quiere que vuelva ahora para que conozca a la ciega,
a la sorda, a la muda"
SHAKIRIANO