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Una sensación como de mil ojos acechando
un oscuro túnel abriendo su enorme garganta
por entre las filas de butacas se esconde un alma errante
oculto tras el resplandor de la fílmica pantalla
que dispara sus destellos mientras la sangre chorrea
bajo la sutil y acerada hoja silenciosamente amenazante.
Un leve gemido, como algo de tos, un simple garraspeo
oculta el crimen más abyecto en el patio de butacas
mientras los amantes se prodigan en sus dulces besos
mientras los valientes, a enfrentarse con el enemigo marchan.
Nadie en la sala ha notado nada, nadie se inmuta,
nadie quita su mirada de la gran pantalla
mientras en el otro escenario, en el de la vida
hay una historia que se acaba y otra, macabra,
que da comienzo exterminando una vida.
Nadie se da cuenta de nada, nadie sospecha, nadie imagina...
una arteria se vacía derramando su sangre sobre tercipelo rojo.
Allí, en lo profundo de la sala, en la más absoluta oscuridad,
en el más silencioso anonimato, impunemente complicitado
por dos famosos actores que ajenos se han amado,
cerrando sus ojos ante el crimen, con el rostro ocultado tras su beso
el criminal, el asesino, impunemente ha matado.
Mientras tanto la película ha llegado a su Fin,
mientras algunos permanecen en la sala,
los cinéfilos, que no se pierden ni una palabra de los títulos de crédito.
Entretanto el criminal huye silencioso y lento,
enmascarado entre los espectadores que se marchan
cuando al encender las luces, un grito ensordecedor
ha hecho su irrupción en la sala
una mujer ha tropezado con un cuerpo inerte
algo húmedo y caliente ha rozado sus piernas
un escalofrío ha recorrido su alma.
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