|
En ese silencio que guardas, estás tú. Tú, eres ese silencio ensordecedor y simple, tan simple que es la maravilla que buscas fuera, cuando está tan dentro como la propia piedra en el río. Ese silencio es tu propio pensamiento, que bulle y se enardece como el rojo en el botón que despunta. Idea que salta fronteras y se encuentra al amor, allí donde esté, allí donde mora, allí donde muere. Propósito de destino, que haces cada minuto, cada hora; como el viento hace cabriolas con el humo, o el barquero besa el horizonte con su vela. Magia es su poder para hacer castillos, cruzar todas las dimensiones, saltar muros, besar a Dios con una plegaria, mover las energías poderosas del universo. Pensamiento en sustancia divina que jamás perece. Ese silencio del que solo somos dueños, al que solos acariciamos en la almohada. El que no tiene amos y es más valiente que el Cid. Ahí y en el estás tú, estoy yo, y ese que un día decidió soplar nuestros labios.
|
|