Si alguna vez

Si alguna vez te sentí dentro, profunda,

arraigada a mí, imposible de separarte,

si alguna vez viví tu mente, sentí tu cuerpo,

olí tu llanto, acaricié tu pensamiento,

esa vez fue ayer.

 

Estabas allí, tierna como un pedernal,

dulcemente dura, segura en tus miedos,

abrazada al corazón que hablaba por tu boca,

que lloraba por tu piel, que sangraba en tu voz,

que me penetraba hasta donde yo no sé llegar dentro,

que acariciaba por última vez lo que más querías,

que le estaba diciendo adiós a tu vida,

a la parte de tu vida que más te dolía,

la que siempre estuvo allí contigo,

la que nunca te negó,

la que te buscaba siempre,

la que confiaba en ti,

la que te conocía, sabía lo que querías,

la que nunca te habló pero no le hizo falta,

la que conocía tu dolor

sin necesidad de comprenderlo,

la que te miraba para hablarte,

para pedirte lo que tu comprendías.

 

Si alguna vez te vi como eres:

pura, viva, fuerte, desgarrada, capaz,

abierta en canal a lo importante,

sin rodeos ni miramientos,

con la claridad meridiana de la verdad que llevas,

que sientes dentro, la que me hace llorar,

la que me doblega, la que admiro, la que quiero,

esa vez fue ayer.

           

            Estabas allí, sola con tu soledad,

la soledad más solitaria que he conocido nunca,

tu descarnada soledad impenetrable,

incluso para mí, que soy quien más te desea,

quien más te acompaña siempre,

quien siempre te espera.

 

Tus perfectos ojos, tu tersa piel,

tus cálidos poros gritaban al mundo tu dolor,

gritaban al mundo tu decisión,

tu último acto de amor.

Amor con mayúsculas.

Amor como tú amas,

con tu fuerza de amar, de sufrir, de decidir.

 

Allí estabas, donde debías estar,

como tú sólo sabes.

Donde había que estar para decidir el dolor,

para tomar la decisión que más desgarra,

para suplicar lo imposible,

lo que nunca se quiere suplicar:

“que no sufra!”.

“que no sufra lo que más quiero del mundo!”.

 

Y el cielo se rajó en mi alma.

Y la luz se hizo tinieblas.

Y el amor se convirtió en muerte.

Y no sé cómo lo hice.

Y no sé por qué lo dejé hacer.

Y no pude nada más que cumplir tus órdenes (“que no sufra!”).

Y tu voz se hizo carne,

Y el minuto fue rápido, interminable, eterno, perpetuo,

para toda la vida (la tuya y la mía).

El no sufrió. Yo estaba allí, puedes estar segura.

 

Si alguna vez te busqué,

si alguna vez deseé verte,

si alguna vez necesité abrazarte,

si alguna vez te sentí,

si alguna vez te quise,

si alguna vez lloré contigo,

esa vez fue ayer.

 

Ayer fue, él no sufrió (puedes estar segura).

Regístrarte y comentar el poema

Comentarios:

Escrito por: GabrielaAgilda       26/04/08 04:06
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Mucho dolor,Paco.Sólo vos sabés contarlo,sólo vos.
GABRIELA
Páginas: 1

Imprimir

Enviar poema
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar historias